lunes, 29 de diciembre de 2014

"¡VETE A LEER!" ES AHORA 

UN INSULTO


No te alarmes, esto es un cebo...


No lo niego: me encanta tirarme a un charco y meterme en jardines y berenjenales; aunque luego me arrepienta, que me arrepiento. Me pasa mucho en Twitter y Facebook; el otro día se lo explicaba a otro internauta, aunque puede que con un exceso de colorido (si eres de estómago sensible o si no son horas, no leas el entrecomillado): "Me encanta escupir en la Red; al momento se me pasa y piso el gapo". Quería decirle a mi interlocutor que, cuando recupero la compostura, suelo borrar lo que, más que una entrada, ha sido una salida a destiempo.

Los peores días para enjardinarme son los de fiesta, allá a la altura de la sobremesa. No te extrañe que les pida por favor a mis parientes y amistades que me escondan el móvil en Navidad, Nochevieja y fiestas de guardar. El caso es que ayer -Día de los Inocentes, ¡ole!- me enjardiné (y lo que te rondaré, morena).

Ya te he hablado en otra entrada de lo que el Ministerio de Economía, a través de uno de sus organismos -la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)-, quiere hacer con Sálvame, el programa de Telecinco.
http://vientodemisvelas.blogspot.com.es/2014/12/rajoy-escucha-salvame-esta-en-la-lucha.html

La CNMC ha comenzado a hostigarlo a través de expedientes y multas para que cambie su estilo o, finalmente, cierre. El argumento es la defensa de la infancia; a mí, me suena a censura. Y en todo caso, como si ese fuera el mayor de los problemas que debe afrontar tan delicado ministerio; no tendrá Guindos otras cosas en qué ocuparse. Aparte, me parece un flaco favor político a su jefe, aunque imagino que el presidente lo sabrá y estará de acuerdo: ¿Qué piensa hacer Rajoy con 1.800.000 votantes ahora entretenidos si calla a Jorge Javier y los suyos? Te aclaro que esa cifra es la audiencia media del programa en su versión de tarde.

Pues bien, estaba yo haciendo zapping después de la comida de Inocentes, buscando una TV movie que nos ayudará -como si hiciera falta- a conciliar la siesta, cuando apareció una promo de Sálvame con el lema que arriba te muestro. Ni corto ni perezoso, mandé un tuit con la portada de mi sátira "Sálvame: la telebasura como autoayuda". Por provocar y manifestarme en contra de cualquier tipo de censura, más que nada: "Si los padres quieren canguros, que los paguen. La TV es otra cosa". ¡Con un par y sin paracaídas! La consecuencia de ello se resume en ir por lana y salir trasquilado.

Casi de inmediato, una hooligan telecinquera, forofa de Sálvame y seguidora devota de Kiko Hernández -hay gente egoísta que lo quiere todo para ella-, me escupe: "¡Vete a leer y no molestes!". Me desvelé ahí mismo. Procurando reenviar al cerebro la sangre que, tras el postre, había bajado al estómago, intenté desentrañar las connotaciones de tan radical sentencia. Pa'berme dao un corte de digestión.

Al principio me sonó a consejo necesario: duerme y calla, que no son horas. No le faltaba razón, me estuvo bien empleado. Luego creí que su intención era la de promocionar los libros de Jorge Javier y de la Esteban. Pero finalmente, cuando el riego me volvió a la sesera, entendí que me insultaba. Mi primera reacción fue la de responder, pero ya había recuperado niveles aceptables de consciencia como para no cometer más insensateces. A continuación me dio por pensar que las acusaciones de la CNMC son muy injustas; aquella forofa estaba demostrando que el programa y sus espectadores no son homófobos (no me mandó "a tomar por culo"); no son sexistas (pudo haberme mandado "al carajo"); y no son escatológicos (no me envió "a la mierda"). No señor, me mandó a leer, que para ella debe de ser el sumun del desprecio. También lo era en mi adolescencia; lo sé porque yo leía entonces (y más que ahora), así que concluí que se trataba de otro de esos adultos que se quedaron anclados en la edad del pavo.

Entonces caí en la cuenta: si ella parecía anclada, ¿qué hacía yo a su vera, remoloneando entre naves sin velas?... Y como les temo a los hooligans, ya sean de la tele, de los vídeos de gatitos o de los maratones, más que a un nublao, borré el tuit y aquí paz y después gloria. No me llames cobarde; vivo frente a una ría preciosa y he aprendido de las muchas aves que pululan por ella que escapar volando es inteligente y estético.

Al no poder recuperar el tuit (lo he intentado, pero ese no aparece), he vuelto a la página de la integrista televisiva y me he traído otro muy similar. Este no es un disparo certero, sino uno de postas para todos sus críticos. Lo he sacado de márgenes para que te hagas una idea fiel de su estridencia:




El caso es que no hay mal que por bien no venga si uno sabe administrarse. Así que, al final, esta hooligan de Sálvame me ha regalado una forma inmejorable de felicitarte el Año Nuevo y de enviarte un cordial deseo: 
¡Anda y vete a leer en 2015, cobarrrrde de la pradera! ¡Y que leas mucho, fiiiistro diodenal! ¡Jaaaaarrlll!




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sábado, 27 de diciembre de 2014

AND THE LIEBSTER GOES TO...

¡¡¡ME!!!



Ya sabes que mi mayor premio eres tú... Pero me han dado otro y para un blog bisoño como el mío es, aparte de una sorpresa, una alegría. Si te digo la verdad, no sabía que existieran los PREMIOS LIEBSTER para bitácoras de menos de 200 seguidores, pero aquí está: es esa escarapela rosita que abre la entrada de hoy, ¡qué cuca!

Tampoco quiero exagerar; no es que me haya tenido que batir el cobre con miles de blogs nacionales e internacionales en apretada votación hasta alzarme con el trofeo. No, no es eso, qué va. Consigues un Liebster si otro bloguero te nomina en una cadena que tú debes continuar. Se trata, en realidad, de darnos a conocer entre nosotros y de señalar a aquellos colegas que nos parecen, por el motivo que sea, interesantes. En mi caso, ha sido N. Thelma García, desde EL ESCRITORIO DE EL BÚHO, la que ha considerado que lo merecía. Otra vez, muchas gracias por tu ayuda, Thelma.

A mí me vale, qué quieres que te diga. Alumbré este blog hace veintidós meses, lo desatendí durante dieciocho y lo recuperé al llegar el otoño de este 2014 que se muere de viejo. En cuatro meses, los seguidores de EL VIENTO DE MIS VELAS han saltado de 8 en septiembre a 126 en diciembre; y de menos de mil visitas a casi cuatro mil... Solo en noviembre publiqué el mismo número de entradas (9) que en todo el 2013; con este, serán treinta y un artículos en este año. ¿El secreto? No lo hay: trabajo, constancia y cariño. Estoy muy satisfecho y, discúlpame, orgulloso. Eso significa el Liebster.

¿Y ahora qué? Pues ahora tengo que responder once preguntas que me ha dejado Thelma, para que así me conozcas mejor; luego tengo que elegir cinco blogs que me gusten (serán seis) y que considere que se merecen el premio. Vamos con el cuestionario:

1. ¿Por qué decidiste hacer un blog?
Para apoyar la divulgación de mi primera novela publicada, El viento de mis velas (Peripecias de un empedernido bebedor de café).
2. ¿En quién confías para revisar lo que escribes?
En mis treinta años de profesión (periodista y guionista) y en mi pareja, Cristina.
3. ¿Cuál es el primer libro que leíste?
Las maravillas del mundo submarino, de Marcel D'Isard (Editorial Bruguera).

4. ¿A qué autores admiras?
Robert Louis Stevenson, Robert Graves, Jorge Luis Borges, Miguel Delibes, Benito Pérez Galdós, Guy de Maupassant...
5. Tú mayor éxito...
No haberme rendido aún.
6. Tu mayor fracaso...
¿No haberme rendido aún?
7.  ¿Te sientes satisfecho de lo que has conseguido hasta la fecha?
No, aún no.
8.  ¿Sobre qué no escribirías nunca?
No me gustaría ser un biógrafo a sueldo, pero nunca se sabe...
9. ¿Tu principal motivación para escribir?
Si me lo pregunté hace treinta años, se me olvidó la respuesta. Pero ahora me lleva a un lugar pacífico, interior, que tiene mucho que ver con un niño ensimismado.
10. ¿Qué consejos les darías a otros blogueros?
Que trabajen sus blogs con humildad, constancia y cariño. Y que no publiquen lo primero que se les ocurra: como el vino, una entrada necesita ser abierta, reposada y decantada antes de servirla... ¡Ah! Y que no "estafen" a sus seguidores: a un farsante se le pilla rápido.
11. ¿Cambiarías algo de lo que ya has publicado?
No, eso son ganas de sufrir y de atormentarse. Lo que haya que mejorar, se mejora en los siguientes trabajos. Si cada vez que empezamos a subir una escalera volvemos a bajar los peldaños para subirlos mejor, no llegaremos nunca arriba.

Y ahora mis premiados: The Liebster goes to...

Excentrya: por su generosidad con los novatos.

Detrás de un escrito: por compartir lo que sabe (que también es generosidad)

121SB.COM: por ser un remanso de paz (y de energía).

Blog Articulado: porque son hospitalarios.
http://articuloarticulado.blogspot.com.es/

El salón de Cris: porque tiene "sello" propio...
http://elsalondecris.blogspot.com.es/

La abuela te cuenta: porque tiene mucho cuento...
http://cuentameuncuentoabuela.blogspot.com.es/

Y, en general, por su buen tono y mejor rollo. Hay tanto ¡Grrrr! ¡Brrrrr! ¡Por mis cojones! ¡Que te meto, leche! ¡Y punto pelota! en la Red, que se agradece el respeto y los buenos modales. He dicho.

Mis premiados tienen que responder otro cuestionario con sus once preguntas. A mí me gusta el que he respondido yo, así que, chicas y chicos, os lo dejo tal cual...

¡Ah! Y estas son las normas del premio; os advierto que están penosamente traducidas, pero se entienden... 


¡¡¡GRACIAS!!!



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jueves, 18 de diciembre de 2014

¡RAJOY, ESCUCHA:

SÁLVAME ESTÁ EN LA LUCHA! 

(Y YO CON ELLOS)






¿Ya tengo tu atención? Bien, era lo que pretendía. Por el titular, te preguntarás quién me manda meterme en este berenjenal si mi blog es sobre una novela histórica ambientada en el siglo XVIII. Pues ahí va la explicación...

Ya sabrás que al final de cada entrada incluyo publicidad sobre mis libros. Aparte de El viento de mis velas, he escrito otra obra, publicada por SB e&books, la editora digital de Sandra Bruna, la prestigiosa agente literaria que descubrió a Ildefonso Falcones y La catedral del mar. Se trata de un ensayo satírico titulado Sálvame: la telebasura como autoayuda. Estarás pensando -si no lo has leído- que en él cargo contra Jorge Javier Vázquez y los suyos con toda la saña que me permite la opinión dominante sobre la televisión. Siento decepcionarte: la tesis fundamental de mi obra es que un dios griego se ha reencarnado en el presentador catalán y que, salvo yo, nadie ha sido capaz de caer rendido ante tan dichosa epifanía. Por eso nos estamos perdiendo las valiosas lecciones que tiene para ofrecernos.


El divino Jorge Javier en su Olimpo televisivo


Así que no, no simpatizo con los que despellejan a la tele en su brunch dominical con café de comercio justo y suplemento de prensa fina -pero vendida a la Banca- sobre la mesa. Como Pérez Reverte, soy más de caña y garbanzos con langostinos, con la diferencia de que yo sí me crié en un barrio y los malos de mi barrio acabaron de policías municipales. Eso es peligro y no las mariconaditas del Territorio comanche. Digo mariconaditas con el permiso de mis compañeros y amigos gays, que suelen saludarse con un ¿Cómo estás, maricón? Si no tienes compañeros y amigos maricones no puedes saberlo, normal que te escandalices. Trabajé como productor ejecutivo -y viví, vaya si viví- cuatro años en Venezuela y a mis compañeros y amigos negros les soltaba ¿Cómo me le va, mi negro?, tal y como ellos mismos decían, y nadie me denunció por esclavista ni nos faltaron nunca las ganas de tomarnos una cervecita juntos.

Por eso me repugna la enorme cantidad de papel de fumar que nos gastamos por aquí en no mancharnos los dedos cuando vamos a mear. Tenemos un gobierno dizque liberal que se harta de intervenir con leyes y normas y una ciudadanía que se cree progresista y parece una horda de furibundos puritanos ingleses, bajados del Mayflower y a punto de quemar brujas en Salem. En estos tiempos, si no tienes gatitos adoptados en casa es que defiendes a los taurinos de Tordesillas; si no te metes en estúpidas guerras de sexo en la red, es que eres un machista peligroso; si te molesta la mala educación de los ciclistas que invaden las aceras, estás a favor de que hundan las lanchas de Greenpeace... Y todo así. Pamplinas sobre pamplinas y sobre pamplinas mil, como en el villancico.




¿Y por qué meto en esto a Rajoy? Pues porque la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acaba de tocar a rebato contra Sálvame, lo ha acusado de "intolerante, racista, sexista y violento" y ha conminado a Telecinco a tomar medidas. Y la CNMC, calificada por Soraya Sáenz de Santamaría de "independiente" (no me carcajeo por no fisurarme una costilla), depende del Ministerio de Economía. Y el ministerio depende del presidente del gobierno, ¿verdad? Así que, para mí, es Rajoy quien carga contra Sálvame como antes cargó Aznar contra Crónicas marcianas. Así empieza mi ensayo satírico:
"La idea de este libro me la dio José María Aznar. Sí, ese José María Aznar. Lo siento, Chemari, pero yo la registré antes; además, lo tuyo es la ficción histórica.
Cuando en 2003, Bush Jr., Blair y Aznar –Los Tres de las Azores, que no eran un trío de fados– nos metieron en la invasión ilegal –la ONU dijo no– de un país soberano –Irak– justificada con una mentira –los fantásticos arsenales de destrucción masiva–, nuestro ex presidente, que tonto no es, aunque padezca de soberbia oceánica, se dio cuenta de que necesitaba una pantalla, enorme como la de un cine antiguo, de humo bien negro. Y en eso llegó Sardá –sí, ese Sardá– y puso de vuelta y media a Aznar en Crónicas marcianas por meternos en una guerra que aún no era nuestra ni falta que nos hacía, como demostraron los cadáveres de doscientos de nuestros conciudadanos, caídos no en un campo de batalla, sino en un día laborable."
Recordarás que Sardá le daba cera todas las madrugadas al marido de Ana Botella por su ansia de hazañas bélicas, así que Aznar se fue derechito a chivarse a Luis del Olmo, rajó sobre la "telebasura" y creó un debate "despistatorio" para autoayudarse con lo de Irak. Ese trampantojo lo renueva ahora Rajoy. Yo me huelo que el ataque de la CNMC es una patada a Cuatro en el culo de Telecinco. Es verdad que Pedro Sánchez tuvo sus coqueteos telefónicos con Jorge Javier -quien se declara votante de los socialistas catalanes- y que Vázquez ha defendido a Podemos. Pero, en año electoral, a quien no soporta Rajoy es a la mosca cojonera de Mediaset, que no es otra que Jesús Cintora en las mañanas cuatreras. Me huelo que por ahí van las andanadas... Aunque la mona se vista de seda moral, mona electoral se queda.




Y ya que hablo de catalanes, no voy a perder la ocasión de recordar que el Consejo Audiovisual de Cataluña arremetió en 2013 contra el exitoso programa de Telecinco; también asociaciones de telespectadores y padres catalanes lo han hecho. Yo, ahí, les recomendaría prudencia. ¿Qué clase de educación les están dando a sus hijos cuando la televisión de Cataluña se enorgullece de no emitir telebasura, pero, en cambio, la exportan como si fueran camisetas de Messi? ¿De dónde son Jorge Javier Vázquez, Jordi González, Javier Sardá, Javier Cárdenas, Mercedes Milá y Karmele Marchante? De Barcelona, Badalona, Esplugues de Llobregat y Tarragona. Qué tacaños somos con el silencio.

Por cierto, la queja contra Sálvame es por el daño que puede provocar a los niños en un horario protegido. Y yo me pregunto qué hacen los niños -cargados de horas escolares, actividades extracurriculares, aparatejos electrónicos, hiperactividad y necesidad de aliviarla, urgidos de establecer relaciones sociales con otros críos y necesitados de merienda, aire libre y siesta- viendo la tele por la tarde. ¿No será, más bien, que los padres que se quejan de Sálvame pretenden que la televisión sea un canguro gratuito? Jode, ¿verdad? Pues si jode, por algo será...

Sálvame: la telebasura como autoayuda se asienta sobre tres patas, expresadas en los títulos de tres de sus capítulos: "Huye de las opiniones rutinarias como de las americanas con hombreras"; "La televisión es un síntoma, la realidad es de morirse"; y "Si te machacas un dedo con un martillo, la culpa es tuya, no del martillo. Espabila". Autoayuda extrema, lo llamo.

Creo que se reducen -las patas y el libro- a tener criterio propio para ver, con los ojos muy abiertos, que vivimos en una sociedad que ha perdido el alma y la razón por el camino; y que parte de esa pérdida se debe a que nos vamos convirtiendo en adolescentes incapaces de responsabilizarse por las decisiones tomadas, ya sea sentarse ante un programa de televisión, forrarse de negro los pulmones con un cigarrillo o encalarse las narinas con farlopa. Son los niños los que dicen ¡Culpa tuya!: hace dos días, Cospedal nos bañó a todos con la corrupción de los de su clase, atreviéndose a insultarnos al afirmar que somos tan culpables como ellos. Habrá quien le dé la razón; allá él, huyo de un fariseo en cuanto lo huelo. La madurez -de la que los políticos se han exiliado- hunde sus raíces en la capacidad de elegir, sí, pero también de hacerse cada uno autor de sus elecciones

Yo no me calo una gorra y me oculto tras unas gafas de sol al salir a la calle por haber sido coordinador de contenidos de la primera edición de La Isla de los Famosos; asumo aquel trabajo con la misma soltura con la que me doctoré en Periodismo con una tesis sobre la falta de ética profesional (bien que lo sabía, ya llevaba diez años trabajando cuando la defendí). Soy responsable de ambos extremos y un Darth Vader de mi profesión: he estado en los dos lados de la Fuerza, así que monsergas, las justas. La telebasura no empezó con Tómbola o Aquí no hay tomate, sino aquel día de 1992 en que Nieves Herrero y Paco Lobatón montaron El gran carnaval en Alcácer a costa del dolor de tres familias y de una carnicería sobre la que aún pesan sombras.

Por todo eso, y por otras razones que podrás descubrir si tienes el valor de leer mi sátira, yo estoy con Sálvame y contra la hipocresía y la falta de responsabilidad.

¡Uf, que a gusto me he quedao!




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lunes, 15 de diciembre de 2014

ESPÍA CON LICENCIA PARA... CAFETERÍA


La Botella Azul, el primer café vienés


¿Te has parado a pensar en que cada vez que te comes un emparedado estás homenajeando a un tahúr febril? Te hablo de John Montagu, el cuarto conde de Sandwich (1718-1792). Durante las negociaciones del Tratado de Aquisgrán, que puso fin en 1748 a la Guerra de Sucesión austríaca, Montagu dejó de comer para poder jugar a los naipes entre reunión y reunión. Sus criados, preocupados por la salud de su lord, lo acostumbraron a comer rosbif entre dos rebanadas de pan. Los otros jugadores -culo veo, culo quiero- empezaron a pedir "lo mismo que Sandwich".

¿Y sabes que la mayonesa que tanto te gusta mojar y rebañar -¡Dame pan y llámame gordo!- nació con una guerra y ha sobrevivido entre batallas gastronómicas sobre su origen? La isla de Menorca fue invadida por los ingleses en 1708, durante otra contienda sucesoria, la de España. Se mantuvo bajo los colores de la Union Jack durante todo el siglo XVIII, salvo en dos paréntesis: durante la Guerra de los Siete Años (1756-63), cuando cayó bajo dominio francés; y de 1782 a 1798, recuperada para los Borbones españoles. Fueron los franceses los que se atribuyeron la autoría de una salsa que, según parece, ya existía en la isla desde la Edad Media: la salsa mahonesa, propia, por su nombre, de Mahón.


Café vienés
Pero si hay una receta parida por mera casualidad fue, sin duda, la del café vienés. A Yago Valtrueno, protagonista de El viento de mis velas -cuyo subtítulo es Peripecias de un empedernido bebedor de café- le cuenta esa historia una mundana polaca criada en París, esposa de un indiano cruel que le pinta la vida de color de hormiga a nuestro pícaro. Su nombre y títulos son Janeczka Korzeniowska, baronesa de Torenka y señora de Estopiñán, quien, según afirma Yago, "vino a Coruña a iluminar la ciudad y a oscurecer mi porvenir".


Don de lenguas


La bellísima seductora le habla de un compatriota suyo, Jorge Francisco Kulczycki (1640-94), otro pícaro que, desde niño, tuvo una rara habilidad:

"Mientras los de su edad aprendían a llevarse la cuchara a la boca, a él se le quedaban, como quien no quiere la cosa, los rudimentos de las lenguas más extrañas. Al caérsele el último diente de leche ya parlamentaba en alemán, húngaro y rumano -su polaco natal aparte- y entendía decentemente la jerga turca. Cuando no le quedaba más vello que salirle en el cuerpo, pues ya tenía cubiertas de vello las ingles, se unió a los cosacos ucranianos, con los que combatió a los tártaros de la Sublime Puerta".
Los otomanos lo apresaron, pero antes de que lo empalasen, Jorge Francisco les hizo notar que era un experto trujamán, es decir, que había nacido con una lengua de fuego sobre la frente, como caído del Pentecostés. Tal era su maestría con los idiomas que, por ello, los turcos se lo vendieron a muy buen precio a unos comerciantes serbios. Por entonces, en los Balcanes ya circulaba un dicho: "Se te ve en la jeta que, como comerciante, eres un magnífico espía", con lo que el sultán Mehmed IV acabó por abrir la veda para cazar pieza a pieza o en manada a todos los mercaderes serbios.


Jenízaros, tropas de élite turcas
Kulczycki alegó que él era polaco y que por sus venas no corría ni una gota de sangre balcánica, así que lo dejaron marchar en libertad, con lo que fue a caer de la sartén a las brasas. Las brasas se llamaban Viena. No, no estuvo nada oportuno nuestro políglota, pues, en el verano de 1683, los turcos pusieron sitio a la ciudad por segunda vez. Ya la habían asediado ciento cincuenta años antes, bajo Suleimán el Magnífico, que lo fue un poco menos tras ser derrotado por una tropa combinada de voluntarios vieneses, lansquenetes alemanes, arcabuceros españoles y un tiempo de espanto, con lluvias y nevadas que transformaron el campamento turco en una ciénaga. Si quieres disfrutar con una versión de aquel hecho de armas del siglo XVI, te recomiendo el relato titulado La sombra del buitre, de Robert E. Howard, el padre de Conan y, en este caso, de Sonia la Roja, una espadachina consumada que combate a los turcos junto al mercenario dipsómano Godofredo von Kalmbach.


La Botella Azul


Vuelvo a lo nuestro. Jorge Francisco Kulczyki se prestó voluntario para infiltrarse entre los turcos y llegar hasta el Duque de Lorena con una petición de auxilio. Yago retoma el hilo y nos cuenta que el espía atravesó, con carita de yonofuí, las bandas de música de los jenízaros, las Meterhané, que acobardaban a los defensores con marchas y cánticos marciales:
"Aquel pájaro de cuenta, del que muchos pensaron que pretendía largarse con viento fresco (...) atravesó las líneas de asedio entonando canciones turcas, que no eran de alabanza a Dios, sino de esotras que podrían ruborizar al mismísimo Mahoma, que tuvo fama en su tiempo de rijoso incorregible".

Recreación histórica de un húsar alado polaco

Y lo hizo con tan buen deje y tanta gracia que pudo llegar hasta Lorena, al que espoleó para que cayera sobre los infieles junto a los espléndidos jinetes del rey polaco, Juan Sobieski: los húsares alados -la caballería más galana del mundo-, que en la batalla definitiva de Kahlenberg segaron a los otomanos como espigas en sazón. La retirada fue tan desordenada que los sitiadores se dejaron detrás ingentes cantidades de pienso para bestias. "¿Pienso?, eso es lo que vosotros pensáis", se dijo Kulczyki, a quien le faltó tiempo para pedir como recompensa todos aquellos sacos; imagínate la sorna de sus camaradas. Sigue Valtrueno:
"¿Cómo no había de saber el bueno de Jorge Francisco qué era aquello, con tantos platillos como sirvió cuando era dragomán entre los otomanos? Ya se maliciarán vuesarcedes que no era pienso para bestias, salvo que tengamos a los turcos por acémilas. Lo que los sacos contenían era ébano líquido. O la potencia de serlo, mejor dicho".
Es decir, café en grano. Yago dice platillos porque en Constantinopla se tomaba así el café, tal y como el Señor Ropper tomaba el té, vertiéndolo sobre el plato. Ni corto ni perezoso, Kulczyki abrió una cafetería en un local que le regaló el consistorio vienés, junto a la catedral. Lo llamó Die Blaue Flasche, o sea, La Botella Azul. El antiguo espía, licenciado para despachar cafés, se disfrazó de turco, queriendo así proclamar que los infieles sólo servían para servir a los cristianos.

Jerzy Franciszek Kulczycki

Eso sí, antes tuvo que darse cuenta de que una ciudad que tantas amarguras había pasado no podía tomar un brebaje tan amargo y lleno de borra, oscuro como la piel y las intenciones de un turco. Por eso lo coló, lo endulzó con miel y lo coronó con nata, tal y como aún se bebe hoy, pero con suplemento de canela o cacao rallado. A los vieneses les encantó y él sonreía, pues, como espía, sabía lo que valían las apariencias: "Por muy blanco que fuera en la superficie, el café vienés seguía siendo negro por dentro", sentencia Yago.


Y para mojar...


Para remate, los panaderos vieneses se habían ganado también el título de héroes. Los ingenieros turcos pretendieron entrar en la ciudad cavando una mina bajo las murallas; empezaban la faena -que lo era, y gorda- al caer el sol. ¿Quién si no un panadero, horneando de noche, podía darse cuenta de tan fatales trabajos? Los tahoneros gritaron ¡Al arma, al arma!, salvando así a la ciudad de un saqueo inhumano y una destrucción segura. Como premio, recibieron el privilegio de crear un pastel que inmortalizara su hazaña: el lune croissante, la luna creciente de los estandartes del sultán, de la que cualquier vienés podía decir: "¡Esta sí, está no, esta luna me la como yo!". Juran que Juan Sobieski, mano a mano con su caballo, se tragó diez sartenes de ellas.


Así que no, ni la mayonesa ni los cruasán son franceses. Es más, en tiempos de Yago Valtrueno, a tales bollos los llamaban vienesas en París.


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martes, 9 de diciembre de 2014

MI PRIMERA RESEÑA, ¡CHISPAS!



Me gusta mucho esta parte de administrar un blog, que es la de dar las gracias. Uno agradece los regalos que le ofrecen, y una reseña en otra bitácora digital, una opinión en Amazon, un retuit, un "Me gusta" en tu página de Facebook, son regalos. Y es menester dar las gracias por cada uno de ellos.

Hoy le toca a NThelma García y a su blog El Escritorio del Búho. No me queda otra después de que ella me haya obsequiado con la primera reseña de El viento de mis velas:



Digo que es mi primera reseña, pero aclaro que me refiero a la novela en formato e-book. La primera de todas, cuando presentamos el libro impreso, fue una firmada por el periodista Ezequiel Pérez Montes en El Ideal Gallego:


"Apasionante novela histórica (...) No desmerecería ante un Guzmán de Alfarache o una Vida del escudero Marcos Obregón (...) Serviría para confeccionar el guión de una extraordinaria película (...) En suma, una delicia de novela."


Es el primer pago que recibe uno por su esfuerzo. No, espera, no es verdad; el primero es tener en las manos el libro recién salido de imprenta y meter la cara en sus páginas para oler el papel nuevo y la tinta casi fresca. Luego, a veces -no siempre-, vienen los otros. Hoy no me voy a extender, sólo quiero agradecer a Thelma su atención y dejar aquí unos fragmentos de su crítica:

"Sí, en el llamado Siglo de las Luces, donde la duda será el método mas correcto para llegar a la verdad, es donde aparece un personaje muy singular, Yago Valtrueno, un cínico, un vividor de lo más irreverente, quien va contando sus aventuras, sus peripecias en La Coruña, España, de una manera totalmente hilarante.
La manera de contar la historia de Valtrueno por parte de José Juan Picos Freire es de lo más divertida, porque el cinismo, la sátira, la crudeza e incluso la amargura para contar sus aventuras, podría aplicarse sin problema al mundo actual.
El género de ficción histórica suele ser muy interesante, pero por lo regular suele ser mas serio, pero el autor en este libro, consigue hacer una novela ágil, divertida, mostrando un conocimiento amplio de la historia de La Coruña (...) Yago Valtrueno, entre café y café, nos deja un sabor agridulce al reconocer en muchos de sus comentarios acerca de una ciudad en el siglo XVIII, una certeza brutal, de que muchas cosas y no precisamente buenas parecen haberse detenido en el tiempo, llegando hasta nuestra era moderna."

Muchas gracias a Thelma y El Escritorio del Búho y muchas gracias a ti por leer estos párrafos.



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sábado, 6 de diciembre de 2014

ME GUSTAN LOS LUNES,

¿POR QUÉ NO?



Afectados por los lunes disienten del autor


A ver, te propongo un juego... ¿Cuántas canciones conoces que estén dedicadas al lunes? Sí, claro, la primera es obvia, así que no cuenta: I don't like Mondays, de Boomtown Rats. "¡Quiero matar a tiros al día entero!", amenaza Bob Geldof. También te vendrá a la memoria Blue Monday, de los New Order. Siendo la secuela de Joy Division, no te van a sorprender con unas castañuelas ni con el Gangnam Style, como ya comprenderás; lo llamativo es que el único lunes que sale en la canción es el del título, el resto es una retahíla que ni traducida la pillo. Bueno, pasa con muchas canciones, suerte que estén en inglés, ¿verdad? Las rockerillas fashion de Bangles también le dedicaron unos versos al primer día de la semana: "Desearía que fuera domingo", se lamentan en Manic Monday. Y ya no te hablo de Carpenters -Rainy Days and Mondays- ni de lo que lloran The Mamas & The Papas cada vez que llega el Monday, Monday.

En cambio, ¿qué te voy a contar del viernes, la niña bonita de la semana? Ni me preocupo en pedirte una lista ni en hacerla yo. Baste recordar que incluso Robert Smith -de Prozac hasta las cejas- convirtió Friday I´m in love en uno de los mayores éxitos de The Cure. Empezar a sonar la tonadilla gótica en las emisoras y agotarse la laca extrafuerte y el perfilador de ojos en las perfumerías fue todo uno. En un pispás.


ONDAS PATÉTICAS

Hablando de locutores radiofónicos -digo los de radiofórmula-, ¿te has fijado en que son los trabajadores más infelices que vagan por la faz de la Tierra? Me recuerdan a las sombras perdidas en los espantosos Campos de Asfódelos del Hades, espectros dolientes que un día fueron humanos. No han llegado las primeras luces del lunes y ya te están martilleando el corazón, el alma y la cabeza con la cantinela patética de que aún quedan cuatro días para el viernes. Y se toman, encima, la libertad de "darte ánimos", jurando que su misión en la vida es ayudarte a subir la cuesta de la semana, como si fueran modernos Cirineos que cargan un rato con la cruz de tanto cristiano jodido. Menudos ayudantes. ¡Ayúdate tú, no te fastidia, que eres más infeliz que el psiquiatra de Calimero! Y pon más música y habla menos, tostonazo, ¡más que tostonazo!


Locutor en lunes a punto de cortarse las venas
Como será la cosa, que se han inventado un día: ¡el juernes!, un sucedáneo del viernes que les ayuda a recortar la semana, como si fueran neo-liberales del Tiempo. 

Podemos entrar en motivos, razones y conspiraciones de esta ansiedad por el Quinto Día. Las encontraríamos de todos los colores, con toda seguridad. Para mí es una neurosis, otra más de esta sociedad que ha perdido el alma y la razón por el camino. Incapaces de vivir en el presente, nos lamentamos por el fin de semana que se fue y anhelamos febrilmente el que aún no ha llegado. Como resultado, un locutor que llegue a vivir ochenta años sólo habrá disfrutado -a razón de viernes, sábado y domingo- unos 12.500 días en toda su vida, de los 29.200, bisiesto arriba, bisiesto abajo, que le corresponderían. Y eso en el caso de que no se tome la tarde dominical como la pendiente ominosa hasta la garita de Cerbero.

Desde un punto de vista simbólico, el asunto es más grave que la manía de un neurótico. Hablamos de un pecado. Y de uno muy grave, el de impiedad. Un impío es alguien que no respeta a los dioses ni cuida las ceremonias que acompañan ese respeto. Ya me explico, ya, no te impacientes, ¡ni que nunca fuese a llegar el viernes!


SIETE DÍAS, SIETE DIOSES

A ver: cada día de la semana tiene su patrón. Domingo viene del latín: dies Dominicus, el día del Señor. Para los romanos, como para los anglosajones de hoy, era el día del Sol, también encarnado en Apolo: dies Solis y Sunday, respectivamente. El sábado mediterráneo nos llega del hebreo: sabbat, día de descanso; ese día, entre los judíos, no curra ni Dios. Los sábados anglófonos, en cambio, sí son para otro inmortal: Saturno, de ahí Saturday.

El viernes es el día consagrado a Venus, dies Veneris. Friday, la versión inglesa, tiene su origen en otra diosa del amor, la nórdica Freya. Así pues, en Occidente, cinco dioses -del Paraíso, del Olimpo y del Walhalla- se reparten el fin de semana: Venus, Freya, Saturno, Apolo y Jehová. La piedad occidental hacia ellos es obvia en las loas delirantes de los locutores que rezan por la llegada del viernes noche.

Ahora bien, quedan cuatro días, con sus respectivos patronos, que son despreciados olímpicamente. No les ofrendamos, no les rezamos, no les sacrificamos, no los respetamos. Es más, nos los queremos sacudir de encima con la mayor desconsideración, con resoplidos de hastío, con quejas desaforadas y con maldiciones y juramentos. ¡Qué imprudentes! Deberíamos andarnos con más cuidado, porque esos dioses de los días son, en orden reverso, el tonante Júpiter de los jueves latinos, alzado en medio de la semana como en un trono, el que le corresponde como Padre Olímpico; más al norte, los bárbaros se lo dedicaron a Thor, el Atronador: Thursday.

Les siguen a ambos el mensajero de los pies alados, patrón de los mercaderes, los ladrones y los periodistas (¡Ups!), el Mercurio de los miércoles; y el Woden/Wotan/Odín, señor del panteón germánico, padrino del Wednesday. Después vienen el rencoroso y belicoso Marte de los martes; y su colega nórdico, Tiw, que bautiza al Tuesday. Finalmente, desde la brumosa Thule hasta la cima del Olimpo, el lunes nos pone a todos de acuerdo: para mediterráneos y boreales, es el día de la Luna, de la Selene clásica -asociada a la virginal y lésbica Diana-, y de la norteña Máni, madre etimológica del Monday.


Noche sin viento, pero con luna

Resulta, entonces, que con nuestras prisas morbosas por el viernes, el sábado y el domingo abjuramos del padre de los dioses, ya sea Júpiter u Odín; renegamos de un inmortal con labia divina y dedos y pies ligeros; traicionamos a un par de dioses de la guerra; y, no contentos con eso, apostatamos de la mismísima Señora de la Noche. ¡Con un par! Valientes necios. Lo mismo que hizo Paris cuando se atrevió a insultar a Hera y Atenea en favor de Afrodita. Las consecuencias fueron una guerra que acabó con Troya y un largo viaje de diez años, toda una Odisea.

Quizá los dioses -grecorromanos y germánicos- ya se estén vengando. Son tantos nuestros conflictos con el corazón, el alma y la cabeza que, al final, arderá Troya, nuestra Ilión, esta sociedad que ya no distingue los trastornos del ánima y del ánimo de sus antípodas saludables. No es por conformarme, pero, ya puestos, rezaré a todos los Cielos para que también gocemos de un largo viaje de aprendizaje, de renovación, de purificación, uno en el que al final podamos regresar a Ítaca. Tal y como volvió Odiseo, cuyo padre, Sísifo, fue el más astuto de los mortales y uno de los más impíos, pues se burló de Tánatos -la Muerte- y la encadenó. Es el mismo Sísifo de Camus que simboliza la inutilidad angustiosa de los actos humanos: condenado por toda la Eternidad a subir una roca a una cima para que, al coronarla, la carga ruede por la otra ladera. Si muchos locutores lo supieran, pensarían que sus semanas son, una y otra vez, el mismo castigo que padece Sísifo... O quizá lo saben, y diariamente conspiran para contagiarnos su náusea y así hallar consuelo; bueno, pensar esto sería muy generoso, la verdad...


Otra visión del mito de Sísifo...


¿TE APETECE UN CAFÉ?

"¡Vaya, así que tú eras el optimista al que le gustaban los lunes! -estarás pensando- ¡Pues quién lo diría!". No te falta razón, después de la perorata que te acabo de soltar sobre Sísifo y el eterno rodar... A ver, no es que me gusten más que cualquier otro día, pero lo que bajo ningún concepto voy a hacer es enemistarme con la Señora de la Pálida Faz, despreciando su día tan alegremente. Además creo que desde que el mono erecto que fuimos tuvo conciencia de su mortalidad, hay una pizca de lo sagrado en lo cotidiano que debe ser atendida y respetada, pues seguramente forma parte de nuestra esencia y de nuestra paz. Y además, por si lo anterior no te sirve, quizá le valga a tu vanidad, pues, entre tanta frivolidad, la piedad te distinguiría.

Dicho esto, permite que te invite a un café, uno literario, claro. En honor a este día -hoy festivo- y a esta semana que empieza (bienvenidos sean los comienzos), te voy a contar, con sus palabras, lo que Yago Valtrueno, protagonista de El viento de mis velas, sintió al tomar su primer café. Cómo y dónde lo hizo -en las más extrañas circunstancias- tendrás que descubrirlo tú...


"Un incienso desconocido, más alegre que el de misa, me tapizó de óleo oscuro boca, nariz y garganta. Como una centella, me agarró un feliz escalofrío, parejo al que inunda al peregrino que vuelve a casa con la primera ventisca y que, al abrir la puerta, recibe el beso hospitalario de su madre y el abrazo protector de su padre, que lo invitan a quitarse de encima el capote helado y a sentarse ante el fuego con un tazón caliente en las manos.
Aquellas semillas me sabían a niñez protegida, a cuento bien contado, al rapto del primer beso. Y a más emociones que no puedo hacer sólidas en mi cabeza, pero que me aceleran el corazón mientras escribo, desbocándome el pulso y desparramando la tinta por la hoja como se derrama el Nilo en su crecida."

Disfrútalo. Te deseo un buen lunes y una buena semana, pero recuerda que lo pase con ella es asunto tuyo...



Detalle de la portada original de El viento de mis velas.
Acuarela de Xavier Correa Corredoira



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viernes, 5 de diciembre de 2014

LOS ENEMIGOS DE EL ZORRO (y 2)



Virreinato de Nueva España en 1795

Me gustaría que te quedase clara la extensión del imperio ultramarino español en Norteamérica ya en su crepúsculo, a finales del siglo de Yago Valtrueno, el protagonista de El viento de mis velas. Para ello, lo mejor es que mires con atención el mapa que abre este artículo. Todo lo que ves en rojo formaba parte del virreinato de Nueva España, desde Puerto Rico hasta las Filipinas. Una de las zonas administrativas del virreinato eran las llamadas Provincias Internas, de cuya guarda se encargaban los dragones de cuera. La distinguirás mejor en un detalle del mapa.


Territorios españoles en Norteamérica. 1795

También observarás un punto rojo en el ángulo noroccidental, en Vancouver, hoy territorio de Canadá. Ese lugar es la isla de Nutka, donde se estableció el más norteño de los enclaves españoles en el Pacífico: Santa Cruz de Nuca. Lo protegía un fuerte guarnecido por la Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña, resultante de la fusión de esta fuerza colonial con sus paisanos de los Fusileros de Montaña. Aparte de controlar el intenso tráfico de pieles y de balleneros en la zona, estos soldados vigilaban a las avanzadillas rusas que entraban desde Alaska. Si alguna vez pensaste que los únicos enemigos de España en el XVIII eran los británicos y sus aliados de ocasión, empieza a añadir a esa lista a los apaches, cheyennes, comanches y demás familia piel roja y, en el extremo norte, a los hijos de la Madre Rusia.

Eso dará para otra historia, pero ahora regresemos del frío a los tórridos desiertos y llanos del sur de los Estados Unidos. Los dragones de cuera soportaban allá el calor, el polvo y las emboscadas de las bandas indias bajo sus gruesos tabardos de piel y las chupas -azules con vivos encarnados- de paño basto. Su acuartelamiento -su lugar a la sombra- eran los presidios, no entendidos como cárceles, sino como fortificaciones avanzadas que formaban una extensa red defensiva. De ahí que los dragones sean también conocidos como caballería presidial.

El origen de esta cadena de castros estuvo en la revuelta de los indios pueblo de 1680, una de las más violentas registradas en la América colonial española. Un buen ejemplo de este tipo de edificio castrense es el fuerte de Tubac, el primer asentamiento europeo en Arizona, muy cerca de Tucson.


Presidio de Tubac (Arizona)
Portada de Spanish Colonial Fortifications
in North America (1565-1822)
A. de Quesada-Stephen Walsh / Osprey Publishing


Dichos fuertes se levantaban, generalmente, junto a una misión o un enclave civil, a los que protegían de las algaras indias. Pero la misión cotidiana de las fuerzas destinadas en ellos era la de patrullar amplias zonas de Texas, Nuevo México o Arizona y, desde luego, las de perseguir y castigar a las partidas de merodeadores.

Los dragones de cuera y sus presidios recuerdan  a la organización militar del Bajo Imperio Romano, ya próximo a su fin. Fuerzas de limitanei ligeras patrullaban el limes, la frontera, y contenían a los bárbaros, a la espera del concurso de los comitatenses, ejércitos de campo mejor adiestrados y bien armados que eran proporcionales, en este caso, a la infantería regular española.

A cada presidio se destinaba una compañía de dragones, todos voluntarios, pero alistados por un período de diez años; en teoría, alrededor de noventa hombres al mando de un capitán. La muestra de que esto no se cumplía era que, en 1764, las Provincias Interiores tenían veintitrés compañías con un total de 1271 dragones, ochocientos menos de los reglamentarios.

Cada cuera tenía a su cargo una mula, un potro y seis caballos, uno de ellos siempre ensillado. De las armas ya te hablé en la anterior entrada: escopeta, pistolas, espada de hoja ancha, lanza y escudo, ya fuese la adarga de inspiración moruna o la rodela, ambas de cuero. Algunos de estos soldados coloniales emplearon también el arco y las flechas propios de sus enemigos.

¿Y de estos, de sus enemigos, qué? Los conoces de sobra, los has visto en tantas y tantas películas, luchando contra soldados y colonos anglosajones cien años después. Y, sin embargo, los dragones de cuera ya se las vieron, y del modo más crudo, con apaches, comanches -los más belicosos-, cheyennes, navajos, chiricauas, mescaleros, mimbreños, jicarillas, ponis, hopis y wichitas, entre otros.


Diorama con dos dragones luchando contra una banda india

En las llanuras fronterizas no se luchaba como en Europa, en formaciones cerradas en las que se abrían grandes claros por efecto de cadenciosas descargas de artillería y fusilería, y en las que los hombres caían como bolos derribados. Los indios eran expertos en la guerra de guerrillas, así que los presidiales tuvieron que adaptarse a ella. Al fin y al cabo, muchos eran tan nativos como los propios pieles rojas.

Uno de los mejores ejemplos del origen netamente americano de los cuera, ya fuesen criollos, mulatos, mestizos o indios, fue Juan Bautista de Anza, militar novohispano nacido en Sonora, pero de ascendientes vascos. Su padre, también militar, murió peleando contra los apaches. Anza exploró varias rutas desde el sur hacia la Alta California hasta que dio con un camino seguro para la colonización. Fue él quien eligió el lugar donde se fundaría San Francisco. Consiguió también derrotar al mayor de los jefes comanches, Cuerno Verde, y detener así sus razzias, algunas muy sangrientas.


Expedición de castigo de Anza en La Comanchería

Si quieres saber más sobre los dragones de cuera, te recomiendo unas lecturas. La primera, el libro Banderas lejanas, de Fernando Martínez Láinez y Carlos Canales Torres, editado por EDAF. Y, a mayores, un par de libritos militares de Osprey Publishing: The Spanish Army in North America 1700-1793 y Spanish Colonial Fortifications.




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martes, 2 de diciembre de 2014

LOS ENEMIGOS DE EL ZORRO (1)


Un dragón de cuera en la versión de un antepasado de Fernando Botero

Fucking spaniards!, aúlla una jauría de altos ejecutivos telefónicos de Europa, Asia y América en un anuncio que corre en estos días prenavideños por las televisiones. Fucking spaniards! se desgañitan los CEOS caucásicos y mongoloides porque una empresa española ataca sus beneficios con un móvil que no está mal (toco madera). Fucking spaniards! gritan encorajinados en esa lengua de perreros de La Pérfida Albión, lupanar flotante de la Mar Océana, madriguera de una reina, Isabel Tudor, que no fue tal, sino un mocito de Bisley (Surrey) con los machos muy atados, para que no se notara el cambio. Así lo cuenta Bram Stoker, el padre de Drácula, en un libro sobre engaños históricos. Por cierto, la traducción biensonante no es la de los doblajes horteras: ¡Jodidos españoles!, sino ¡Putos españoles! Así lo aprendí yo.

¿Y todo esto a qué viene? Pues a que me ha encantado el uso adecuado de ese arcaísmo inglés por parte de la agencia publicitaria. Spaniards somos los nacidos en España, aunque nimbados con el aura imperial, con todo lo que ello acarrea, incluido el tufillo despectivo. Hoy, más que nunca, esa palabra se tonifica para distinguir a los españoles/spaniards de los hispanos/spanish, los nuevos conquistadores de América del Norte. Me contaba el otro día un emigrante gallego que donde él vive, en Detroit, es obligatoria la enseñanza del castellano en la educación pública. Hablamos de la frontera con Canadá, allá donde Cristo perdió el smartphone; en realidad no lo perdió: le mandó un guasap a su padre -"x q´ m has abndonado?"- y, como no recibió respuesta, lo tiró al lago Michigan.


El orondo sargento García y el cabo Reyes
Quizá te preguntes si me estaré enjardinando, y más si te cuento que quiero cumplir un compromiso: contarte de una vez las aventuras de las milicias de la Monarquía Hispánica en el Salvaje Oeste, allá por los tiempos de Yago Valtrueno, protagonista de El viento de mis velas. Pues no, no me he perdido. En esta entrada te hablaré de los más llamativos de todos aquellos pioneros, los dragones de cuera, enemigos de El Zorro. Como lo oyes.

Básicamente, eso era el sargento García, torpe adversario del héroe y caricatura de aquellos soldados que lucharon contra cheyennes, pawnies y apaches, entre otras muchas tribus. El autor de la novela, Johnston McCulley, y los guionistas posteriores crearon un universo de spaniards malvados, como el pérfido y castizo comandante Monasterio, nacido en Madrid; y de spanish caballerescos, criollos dados a luz en América, como Diego de la Vega.

Pues bien, aunque podamos pensar lo contrario, la mayoría, por no decir el total, de aquellos soldados que defendieron la frontera norte del Imperio español en América también eran spanish: criollos blancos e hijos de esclavos negros más o menos desleídos, además de mestizos e indios. Si te paras a pensarlo, una hueste bastante parecida a las tropas que hoy quieren imponer la Pax Americana por el mundo adelante: rednecks, afroamericanos e hispanos. Gente de sangre fronteriza para defender las fronteras imperiales.

Hace tres siglos no era empresa menuda. El virreinato de Nueva España administraba -peor que mejor, dado su colosal tamaño- un territorio que abarcaba, en la segunda mitad del XVIII, casi una veintena de los actuales estados norteamericanos, desde Washington, en el extremo N.O. (el estado, no la ciudad capital), hasta Florida. En 1790, Nueva España tenía una superficie de siete millones de kilómetros cuadrados, repartidos entre Norte y Centroamérica y las posesiones españolas en Asia y Oceanía.


Portada de
The Spanish Army in North America 1700-1793
David Rickman / Osprey Publishing
¿Y por qué dragón y por qué de cuera? Un dragón era, en origen y grosso modo, un infante a caballo que cumplía  patrullas, vigilancias, merodeo y exploración y que también asaltaba, emboscaba y hostigaba.

En el caso que nos ocupa, se trataba de una policía militar de frontera; si prefieres, carabineros, pues esa es el arma de un infante a caballo: una carabina. Sin ir más lejos, los míticos regimientos de las guerras indias estadounidenses -como el Séptimo- peleaban como dragones. No les quedaba otra; luchaban igual que sus enemigos: a salto de mata, a caballo, a pie y sobre sus barrigas, arrastrándose para una emboscada o en un acecho.

La cuera era un tabardo, por tanto sin mangas, de varias capas de pellejo recio. Originalmente cubría los muslos; en versiones posteriores se convirtió en un coleto, como es el caso del dragón que abre este artículo.

¿Cuál era la panoplia de estos soldados hispánicos de los desiertos y las llanuras del Lejano Oeste? Los dragones de cuera portaban escopeta, pistolas, espada ancha, lanza y una defensa que reforzó su pintoresquismo: un escudo bilobulado de origen andalusí, la adarga, suficiente para frenar los tomahawks y las flechas de los pieles rojas. En la ilustración de la izquierda disfrutarás de la extravagante -pero eficaz- combinación de una pistola y una adarga, empuñadas por un cuera de finales del siglo XVIII. En la imagen que sigue, puedes comparar el escudo del dragón con la defensa de cuero de un jinete hispano-musulmán, perteneciente al crepúsculo de Al-Ándalus, en el siglo XIV, cien años antes de que los Católicos tomasen Granada.



Ilustración de The Moors. The Islamic West 7th-15th Centuries AD
Angus McBride / Osprey Publishing


¿Empiezas a entender por qué toda esta parte de la Historia de España viene perfumada con el genuino sabor de la aventura? ¿Concibes la espectacularidad de tales imágenes en una pantalla, resueltas con lealtad histórica y eficacia comercial? Pues tengo más; en la próxima entrada sabrás más de estos dragones de cuera, originales centauros del desierto, a caballo entre la ficción de El Zorro y la salvaje realidad de los coyotes, de cuatro y de dos patas...


Continuará...



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