sábado, 28 de marzo de 2015

CITA EXPRÉS

Immanuel Kant


Immanuel Kant (1724-1804)


"La amistad es como el café, 
que una vez frío ya no sabe igual"


"I can't, I can't", renegaba el bueno de Kant cuando sus amigos le pedían que abandonara sus rigurosas rutinas. Bueno, lo habría dicho así, en la lengua de Bacon y Hume, de haber nacido, pongamos por caso, en la recoleta villa de Kingston-upon-Hull, en el muy blasonado condado de East Riding Yorkshire. Pero no; como nació en la prusiana Könisberg, mas bien habría dicho esto otro: "Ich kann nicht, Ich kann nicht". Aunque, para ser rigurosos, hoy, cuando aquella ciudad prusiana es un enclave ruso entre Polonia y Lituania llamado Kaliningrado, lo que Kant diría sonaría así: "He mory, he mory" (pero en cirílico). En fin, el clásico "¡No puiiidor, no puiiidor!" de Chiquitistán. Mejor lo dejo, que me lío, como en las clases de Filosofía.

"¿Y me vas a explicar a qué viene todo esto?", preguntarás con todo el derecho. Pues claro, para eso estamos aquí. Resulta que el padre de la Crítica de la razón pura era tan sistemático, metódico, ordenado, obsesivo compulsivo o como lo quieras llamar, que sus paisanos ponían sus relojes en hora cuando lo veían pasar ante su puerta. Sólo alteró sus rutinarios paseos vespertinos durante el par de días que le duró la lectura del Emilio de Rousseau; y también cuando se enteró de que los franceses se habían revolucionado. Dicen que en esas extravagantes jornadas no se oyó un solo tictac ni un triste cucú en toda la ciudad.

Para asegurarse de cumplir su inflexible agenda diaria, que empezaba a las cinco de la mañana, contrató como criado a un antiguo oficial del ejército, Martin Lampe, para que le tocase diana. A partir de ese momento, Kant empezaba a maquinar respuestas para las cuestiones fundamentales de la Vida: ¿Sacaré el abrigo del armario o me llegará con una rebequita de entretiempo? ¿Salgo medio hora antes o media hora después para no comerme la hora punta? ¿Carne o pescado? ¿Playa o montaña? ¿Casillas sí o Casillas no?... E intríngulis de ese calibre, como ya te podrás imaginar. En lo de playa y montaña se me ha ido la mano, pues a Kant le importaba un bledo ese dilema: nunca salió de Könisberg.

Puede que te parezca un desmadre por mi parte calificar al universal filósofo de obsesivo compulsivo. Diré en mi apoyo que en su vejez cogió la manía de atarse y desatarse el cíngulo del batín veinte veces seguidas durante el tiempo exacto de un minuto, es decir, nudo y anudo cada tres segundos.

"Oye, muy entretenido, pero no veo el café por ningún lado". Y es verdad, porque nada más levantarse, lo que Kant desayunaba era un té muy ligero y una pipa. Y durante el día bebía vino, pues la cerveza le desagradaba. Pero llegado el año de 1783, Kant se compró una casa; y ahí quería llegar yo. En ella se acostumbró -fieramente, como acostumbraba él- a ofrecer comidas dominicales a sus amigos. Y estas sí que eran amistades: banqueros, políticos, médicos, abogados, filósofos... ¡Una alegre compañía, por los clavos de Cristo! Como no podía ser menos, el maniático filósofo aplicó una condición a aquellas celebraciones semanales: un número limitado de comensales. Se basó en la norma establecida por Marco Terencio Varrón diecinueve siglos antes: "Más que las Gracias (3) y menos que las Musas (9)".

Aquellos banquetes se alargaban en sobremesas -con café- que, más que prusianas, parecían españolas. Y mira por dónde -en casa del herrero, cuchillo de palo-, Kant prohibía que se hablase de filosofía. En alguna de esas ocasiones, encendido por la comida y el vino y arropado por sus rendidos admiradores, se le debió de ocurrir la cita que hoy te traigo y que, completa, dice así: "La amistad es como el café, que una vez frío ya no sabe igual, aunque se recaliente".

Su criado Lampe se la debió de grabar a fuego en la memoria, pues cuando su amo hacía un gesto para que trajera el café, el agua ya debía hervir y el grano tenía que estar molido. El filósofo que dejó dicho: "La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte", no soportaba esperar por su taza. Puede que, por eso, se le atribuya esta otra sentencia: "Ya que vamos a morir, bebamos café, pues en el otro mundo no se puede". No es que no se pudiera, es que Kant no estaba dispuesto a esperar una eternidad.





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martes, 24 de marzo de 2015

UNA VEZ TUVE UN BLOG...


¡Muchas gracias! ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh!


Vale, el título es un poco exagerado, pero resulta que este blog trataba de mi novela, del siglo XVIII español y del café. Y el caso es que, desde hace un par de semanas, no consigo meter una entrada que tenga que ver con eso. Será porque esta bitácora ha empezado a darme grandes alegrías, tales como mi flamante incorporación a la Escuela de Formación de Escritores o el abanico de premios que empiezo a recibir de otros blogueros.

Esta vez, la sorpresa ha llegado desde un blog con un título de lo más evocador: NUEVO VIAJE A ÍTACA, que administra Marisa Doménech. Sí, claro que sí, esta aventura en la Red es toda una Odisea, con sus cíclopes (el ojo que todo lo ve); con sus pasos angustiosos de Escila y Caribdis; con los hechizos y espejismos de Circe y los lotófagos; y con el telar de Penélope, trabajado con paciencia y constancia. Marisa me ha otorgado un BLACK WOLF BLOGGER AWARD, que anima a seguir trabajando y reconoce lo hecho hasta ahora y la correspondencia con tanta gente, escritores, lectores y paseantes.

En correspondencia, yo he de responder cinco preguntas y nominar a quince blogueros. Ahí voy:

-¿Cuál fue el primer libro que leíste?
Me lo regalaron mis padres a los cinco o seis años. Ya había leído cuentos, es verdad, pero un libro con muchas letras no. Fue Las maravillas del mundo submarino, de Editorial Bruguera. Aún lo conservo.
-¿Por qué escribes?
Me lo sigo preguntando. Pero escribo más que nunca. Y eso que, durante treinta años, ha sido mi modo de vida, como periodista y guionista.
-¿Cuál es tu musa o tu inspiración?
No canto en la ducha, pero es ahí donde se me ocurren las mejores ideas.
-¿Cuál ha sido tu gran amor?
¿Ehhhhhhhhhhhhhhhhhhhh? Mira, Jorge Javier, no pienso contártelo si antes no veo el cheque...
-¿Escribes lo que vives o vives lo que escribes?
¿Carne o pescado? ¿Mar o montaña? ¿Barça o Madrid? ¿Y si no quiero elegir?

Y ahora, tras someterme al tercer grado, ahí van mis elegidos para el Black Wolf Blogger Award:

Josevi Blender, por nadar entre sombras...
https://todonegro.wordpres.com

Carmen Silza, por la poesía...
rodaryvolar-carmen.blogspot.com.es

Lola DB, por la aventura...
laproadeltitanic.blogspot.com.es

Víctor J. Sanz, porque no para...
escueladeformaciondeescritores.es/blog/

Carmen Pinedo, por la belleza...
carmenpinedoherrero.blogspot.com.es

Ana Bolox, por desbrozar la senda...
anabolox.com

Juan Carlos, por mirar a las estrellas...
universomagicojuanca.blogspot.com.es

Valeria Ardante, por traernos la Historia...
valeriaardante.blogspot.com.es

Jaume Vicent, por ayudar...
www.excentrya.es

José Facchin, por descifrar...
josefacchin.com

Sonia González, por comunicar...
soniagonzalez.net/category/desde-mi-ventana/

Francisco Martín, por la retranca...
lafelicidaddewig.blogspot.com.es

Rubén Alonso, por traducir lo intraducible...
www.rubenalonso.es

y a Luis Mariano Gómez, porque también nada en la oscuridad, en otra...
mimayorenemigosoyyomismo.blogspot.com.es

Muchas gracias. ¡Salud y éxito!





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sábado, 21 de marzo de 2015

CITA EXPRÉS

Antoine Galland



"Los turcos se llevan el café a los ojos, 
pues consideran que su humo 
es bueno para la vista"


Desde que empezaron a tomar café, los orientales lo tuvieron por una bebida de lo más saludable. Estas eran, según los árabes, sus propiedades:
"Disipar la pesadez provocada por los vapores que suben a la cabeza, animar el espíritu, dar alegría, hacer que las entrañas queden libres y, sobre todo, impedir dormir sin sentirse incomodado"
Esto último ayudaba a los creyentes a cumplir con las cinco oraciones del día y, a los más santos, con los períodos de meditación. Así lo recoge Galland en su obrita Del origen y el progreso del café, fruto de su paso por la embajada francesa en Estambul, a donde fue destinado en 1670, y de sus viajes por Siria y Egipto.

Sí, sí, vale, ¿pero quién fue Galland? Bien preguntado, tienes razón. Antoine Galland (1646-1715) fue un orientalista, viajero, arqueólogo y traductor francés a caballo entre el XVII y el XVIII. En buena parte, es el responsable de la fiebre exótica que se desató en la corte de Versalles antes de la Revolución. Y como París imponía las modas, pues de ahí a toda Europa.

"¡Ah, vaya! Pues creo que podré seguir viviendo sin saber quién era este galán", me dirás. "Pues yo creo que te equivocas -te responderé- ¿Conoces Las mil y una noches?". "¡Hombre, claro, qué preguntita!", puede que te ofendas. Pues ahí lo tienes...

Antoine Galland fue, ni más ni menos, el primer traductor occidental de los cuentos de Sherezade. Hasta 1704, año de publicación de Les mille et une nuit, ningún francés que pasara ante un palacio podía exclamar: "¡Mira, la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones (con énfasis en ladrones)!". Ni los mendigos de los albañales parisinos podían soñar con encontrar entre la basura una lámpara mágica que los sacara de la miseria.


Edición francesa de 1706

Te diré que los árabes tampoco, pues parece que Galland se sacó de la manga los cuentos de Aladino, Alí Babá y Simbad. Según afirman los orientalistas actuales, ninguna de esas historias fue inventada por la famosa concubina.

También se le critica al cortesano erudito que su traducción fuese, por así decir, para todos los públicos. Bien se le puede aplicar a Galland aquello de traduttore, traditore, para señalar la tópica felonía de las traducciones. No es por perder amigos, pero cómo echo en falta una homogénea y vigorosa calidad en las traducciones literarias al castellano; las añoro tanto como a los antiguos correctores en los periódicos y a un mínimo barniz letrado, así sea meramente diletante, en los actores de doblaje y en quienes les pasan los textos. ¡Ay, Señor, cuántas patadas a la sabiduría y a la virtud hay que soportar a diario! En fin, fue otro viajero europeo, Richard Francis Burton, el primero en traducir The Book of the Thousand Nights and a Night sin censurar en ellas el sexo y la crueldad de los cuentos originales. Y eso que las publicó en plena época victoriana (o quizá por eso).

Las mil y una noches originales son una recopilación de cuentos medievales escritos con la técnica del relato enmarcado, como las matrushkas rusas. Si has leído la novela gótica El manuscrito hallado en Zaragoza, del polaco Jan Potocki (1761-1815), te darás cuenta de que su estructura sigue esa misma espiral narrativa: una historia dentro de otra historia dentro de otra hist...

¿Y por qué mil y una y no mil? Pues porque, entre los matemáticos árabes, cualquier cifra superior al millar indicaba la infinitud; por eso no es descabellado decir que las historias que Sherezade le contó al implacable rey Shariyar son el cuento de nunca acabar.

Por cierto, he dado por hecho que las has leído; aunque quizá, por fortuna para ti, decidieras obviar alguno de los inacabables poemas de la segunda parte (no por ser poesía, no seas susceptible). En ese caso, aún estoy a tiempo de regalarte un consejo que yo no me tomaría a broma. Y tú tampoco, si valoras en algo tu existencia...


¿Cena indigesta? No, leyó del tirón Las mil y una noches

¡No releas Las mil y una noches! Y mucho menos, de cabo a rabo, ¡sáltate alguna página! Porque, desde Burton, corre la especie entre los bibliófilos de que el lector soberbio que no atiende a este aviso, muere de horror ante la visión de los más horrorosos ifrits. Yo fui prudente, por eso te puedo advertir...





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miércoles, 18 de marzo de 2015

¡UN VIENTO FELIZ HINCHA MIS VELAS!






No es que hasta ahora una calma chicha enervante pudriera el agua en las bodegas de mi navío y las galletas marineras se me llenaran de gusanos. Si te dijera eso, te mentiría; pero, tras muchas jornadas de navegación, lo que hincha el velamen de mi blog y mi vida profesional ya no es un cefirillo cualquiera.

Gracias a esta bitácora y a la mediación de Jaume Vicent, redactor de Excentrya, formo parte, desde hace diez días, del claustro de la Escuela de Formación de Escritores (EFE). En palabras de Víctor J. Sanz, director de EFE:
"La Escuela de Formación de Escritores es el resultado de la unión del trabajo, la experiencia y el conocimiento de un equipo de formadores profesionales entregados con pasión a la enseñanza del oficio de escritor.
Las técnicas de escritura, de corrección, de edición y maquetación de textos literarios, pero también las mejores prácticas en la creación y promoción de una imagen personal, conforman el grueso de la oferta de la Escuela de Formación de Escritores para quien quiera iniciar o consolidar su carrera como escritor".
Entre esa oferta, se incluirá en breve un taller sobre novela histórica del que soy flamante tutor. De ahí que no haya sido muy riguroso con la periodicidad de mis entradas. Me disculpo. Aunque ya ejercí como profesor en ICADE y participé en jornadas docentes en la Universidad de Las Palmas, el horizonte de la docencia en línea es un desafío de lo más excitante.

Además de esta magnífica noticia, he sido premiado por otra colega bloguera. Carmen Pinedo Herrero me ha otorgado desde su blog -que tiene mucho arte- un Me quedo contigo, cuyo logo os muestro aquí mismo:


¡Gracias, Carmen Pinedo!

Por llegarme de alguien que se maneja con una mezcla alquímica de rigor, entretenimiento y simpatía, este galardón se me hace aún más valioso. El modo de agradecer esta atención es muy generoso, pues Me quedo contigo me obliga a premiar a otros cinco blogueros. Ahí van:

-José Florentino Menéndez por
http://www.momentosflorentinos.com/

-Erika Martín por
http://anecdotasdesecretarias.blogspot.com.es/

-Marisa Doménech por
http://nuevoviajeaitaca.blogspot.com.es/

-Carlos Borrego por
http://ayudasbecasysubvenciones.blogspot.com.es/

-Suni Mocholí por
http://sunimocholirosello.blogspot.com.es/

¡Enhorabuena!





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sábado, 14 de marzo de 2015

CITA EXPRÉS

Honoré de Balzac


Honoré de Balzac (1799-1850)

"Ese café cae al estómago 
y entonces todo se agita y 
las ideas se precipitan como batallones sobre el campo de batalla..."


Así hablaba Honoré de Balzac del café molido a la turca -es decir, pulverizado-, "pisado, frío y anhídrido, palabra química que significa con poca agua o sin agua", que el escritor tomaba en ayunas. La cita sigue así:
"La caballería ligera de las comparaciones se lanza en soberbio galope. La artillería de la lógica se aproxima con todo su aparejo de cañones, los relámpagos del espíritu saltan, llegan los francotiradores, los personajes toman relieve, el papel se cubre de tinta..."
¡Y todo eso por un café! Para ser exactos, y aunque nunca llegó a la adicción de Voltaire, el autor de La comedia humana se metía entre pecho y espalda hasta medio centenar de tazas diarias. Cuentan que, por si las moscas, siempre llevaba encima un puñado de café extraordinariamente molido.

No debe extrañarnos, por tanto, que sus jornadas de escritura fuesen de quince horas y que terminase, a lo largo de su vida, ciento cincuenta obras. Pero el bueno de Honorato, que de escribir sabía un rato, siempre anduvo apurado de cuentas; al fin y al cabo, era de letras. De ahí que escribiese a destajo; lástima que al cobrar, con el dinero quemándole el bolsillo, se gastase las ganancias en pantagruélicos banquetes. En una ocasión invitó a comer a su editor, musiú Werdet, a su restaurante favorito, el Véry. El invitado, que padecía del hídago, era frugal, pero el escritor se regaló, muy a gusto, un centenar de ostras, doce costillitas de cerdo, un pato con nabos, un par de perdices asadas, un lenguado de Normandía, fruta y bebidas. Como no se inventó hasta 1879, ha quedado constancia de que Balzac tuvo que tomar el café con azúcar y no con sacarina. La dolorosa importó casi setenta francos de la época; la pagó Werdet.

Al autor de Papá Goriot, hombre excesivo, le atraía la embriagadora y ambigua sensualidad de Oriente. Por eso gustaba del café turco, intenso y muy azucarado, con su borra espesa, siempre en un tris de arruinar el placer. El primer café que prueba Yago Valtrueno, protagonista de El viento de mis velas, es así. Ignorante de su preparación, se lo toma de un trago, fiándose de su padre, que es quien se lo ofrece:
"Ahí tiene, hijo mío, la primera lección de esta infusión sabia. Por debajo de la superficie pulida de lo que las personas simulan hay un poso que, cuando se remueve, amarga de decepción. Lo que sus compinches le cuentan es el espejo lustroso de esa taza de café, pero si va usted al fondo y no se queda en las apariencias, se dará de hocicos con la borra".
Sabio café, que hace sabios a algunos de sus adoradores. El caso es que Balzac, cafeinómano, glotón, derrochador, infatigable, colosal, se lanzó a otro exceso que estaba de moda entre los más cosmopolitas de sus compatriotas. 

Pocos años antes de su muerte, se une al Club de los Comedores de Hachís, también llamado de los HachichinosTeophile Gautier, inspirado por el doctor Joseph Moureau, grifota experto, se reúne en el Hotel de Lauzun -o Pimodan- con lo mejorcito de cada casa, como quien dice: Baudelaire, Hugo, Delacroix, Dumas (claro que sí, ahora entiendes las partes más flipantes de El conde de Montecristo).


Hotel de Lauzun (París)


No creas que se lo fumaban, no: se lo comían. Moureau -que no es el de la isla de H.G. Wells, pero podría- les preparaba unos pastelillos conocidos como dawamesk: hachís cocido con mantequilla y mezclado con azúcar, miel, frutos secos y agua de rosas. Los efectos son descritos por el propio Gautier:
"Parecía que mi cuerpo se había disuelto y vuelto transparente (...) Dentro de mi vi al hachís bajo la forma de una esmeralda transparente que irradiaba millones de chispas"
A quienes solamente lo hayan fumado, la descripción de Teófilo les puede parecer tan hiperbólica como algunas de sus obras. Pero hechas las consultas pertinentes, podemos concluir que la embriaguez de la repostería de cannabis, aunque llega más tarde, es mucho más intensa, por lo que no sería raro que los efectos de la droga en Gautier y Balzac se acercaran a los lisérgicos de Charlie Sheen en Apocalipse now. Good trip, my friends!





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sábado, 7 de marzo de 2015

CITA EXPRÉS:

Johann Sebastian Bach


J.S. Bach (1685-1750)

"¡Ah! Café divino,
Ningún beso más suave,
Ningún moscatel más embriagador"


Sólo llevo dos entradas de Cita Exprés -ya sabes, las entradas más cortas con frases célebres sobre el café que me saqué de la manga el sábado pasado- y ya he incumplido el primer mandamiento de los blogueros de pro. Confieso: te he engañado. Y no contento con eso, te he subestimado. ¡Mea culpa!, y sí, meo toda la culpa que haga falta por mi pecado.

A ver. El señor que figura en el frontón de este artículo no es el autor de los versos que van debajo. ¡Qué va! El de verdad es este de abajo a la derecha, que responde al nombre de Christian Friedrich Henrici y al mote de Picander. 
Lo llamaron también, con no poca mala baba, Hungerdichter, que en alemán significa Poeta del hambre. Y es que el hombre era, de suyo, abogado, pero se dedicó a componer estrofas para aniversarios, bodas y nacimientos. Lo que vendría siendo un poeta BBC (bodas, bautizos y comuniones, no la delantera merengona).

Picander (1700-1764)
Digo que te he subestimado porque, a lo mejor, el único que no sabía aquí de la existencia de Picander, libretista de Johann Sebastian Bach, era yo. Por eso he aprovechado la fama de este como enganche. En fin, discúlpame.

El caso es que ya se conocían en Leipzig, donde frecuentaban el Café Zimmermann, en el que Bach presentaba y dirigía al Collegium Musicum, un combo de estudiantes de música que, en invierno, tocaba en el salón del establecimiento y en verano en sus jardines.

Café Zimmermann (Leipzig)
Para entonces, la amarga poción ya era bien conocida entre los habitantes del Sacro Imperio Romano Germánico (aún no era, propiamente, Alemania). Y es que la primera cafetería germana se abrió en 1673 en Bremen.

Has de saber que Gottfried Zimmermann, el propietario del bar donde Bach dirigía a sus alumnos, no cobraba entrada por los conciertos: los eventos se financiaban gracias a la fiebre por el café. Ahí estuvo listo el músico inmortal, pues se puso de acuerdo con Picander para componer una sátira sobre la cafetomanía de sus compatriotas. El golpe iba con saña, pues no solo pretendía Juan Sebastián criticar a los viciosos de la cafeína, sino también a los burgueses de Leipzig, que no lo tragaban porque eran muy celosos de su independencia municipal y el puesto de maestro cantor de Bach fue por designación real. Cuestión de competencias.

Así nació La Cantata del Café (1734), una muestra de su obra profana. Se trata de un divertimento para tres cantantes: un narrador, el burgués Schlendrian y su hija Lieschen, una niña de papá devorada a tal punto por el vicio del café que llega a afirmar esto:

Si no puedo, tres veces al día
saborear mi tacita de café,
moriré, para mi desgracia,
tan seca como un asado de cabrito


Al final, burgués y malcriada llegan a un acuerdo: un marido en lugar de café. Pero ella se guarda un as: el cónyuge, si pretende recibir lo suyo, tendrá que consentir su vicio. Me imagino que querrás disfrutar de esta obra cómica, así que aquí te dejo el enlace: http://youtu.be/902ogxuaFdc

Venía yo pensando, para remate, que quizá el bueno de J.S. fuera una pizca injusto al criticar el vicio del café. Porque, respóndeme si lo sabes: ¿cómo se pudo mantener despierto para crear más de 1128 obras y tener veinte hijos de dos mujeres? ¿El café no tuvo nada que ver? Anda, dime que no...


By Karebearr





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miércoles, 4 de marzo de 2015

¡¡¡PREMIO!!! ASÍ, A QUEMARROPA





El viejo ricachón llevaba meses postrado en su lecho, quizá el definitivo. Por él habían pasado una docena de playmates con tetas más grandes que su cabeza, algunas naturales. Sus abogados (los de él) habían conseguido que ellas se sintieran remuneradas sin que la familia perdiera su patrimonio. Los médicos no se cansaban de repetir: "De esta no sale. Vayan preparando las coronas". Sin embargo, los herederos insistían: "Pero el cabrón no se muere". En resumen, como el perro del hortelano, el cabrón del viejo, ni come ni deja comer: ni se salva, ni se muere.

Pues así me siento yo, literariamente hablando. Me gustaría explicártelo, pero aún no puedo. Ni siquiera sé si podré. Quizá algún día desaparezca de la Red, sin que nadie sepa más de mí (ni falta que hace), pero, de momento, hay quien insufla aire en mis fuelles deshinchados. Una de estas personas es María del Socorro Duarte, quien me ha condecorado con el Premio CNS a la Calidad Fotográfica en Publicaciones. Hace meses recibí otras condecoraciones como esta, y me llenaron de ánimo y de ilusión, por eso sigo aquí. Por eso y porque leéis lo que escribo.

Muchas gracias, salud y éxitos para todos.



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domingo, 1 de marzo de 2015

EL BORRÓN MÁS BELLO


No es morse, son lunares.

"Ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca" puede estar hablando hasta por los codos y diciéndome muchas cosas. De lo que estoy seguro, querida, es de que ninguna será inocente. No, cariño, a mí no me la das: acabo de doctorarme en el idioma secreto de los lunares.

Así que aquí me tienes -otra vez como si fuera un Dan Brown de andar por casa-, descifrando códigos ocultos de hace siglos. Un par de semanas atrás me zambullí en el lenguaje de los abanicos ilustrados; hoy me adentro, sin más machete que un teclado, en la frondosa jerga de los más bellos borrones de la Naturaleza (cuando lo son, claro está).

No hablo de lunares naturales, que nacen allá donde el capricho genético quiere. Traigo a estas páginas otros muy distintos, que se fabricaban no con células más o menos benignas, sino con seda y terciopelo. Eran, propiamente, prótesis, pues nacieron para disimular el granizo de la viruela en quienes sobrevivían a la enfermedad.

En La lozana andaluza (Francisco Delicado; Venecia, 1528) hay una temprana mención a tales postizos, usados aquí por una trotacalles en mitad del otoño de su ajada vida:
"Y las cejas se tiñe cada mañana, ya que el lunar postizo es porque, si miráis en él, es negro y unos días más grande que otros"
 He dicho que la mención es temprana, aunque, para la fecha, el hábito de pegarse lunares era muy viejo. Los efebos de alquiler que se contoneaban en los arcos del Coliseo y las ambulatrices del barrio de la Suburra los usaban sin disimulo. Con el tiempo y los vaivenes de las modas, las damiselas -y los petimetres, lechuguinos o chisgarabises- de la buena sociedad dieciochesca los incluyeron entre sus complementos. Los llamaban mouches (moscas), por influencia del francés, y los guardaban en cajitas bellamente trabajadas, similares a las actuales polveras, con su espejito y todo.

Un erudito español, Luis Velázquez de Velasco, marqués de Valdeflores, describió el uso galante de los lunares de pega y sus códigos en una obra titulada Colección de diferentes escritos relativos al cortejo (1764). Al hablar de cortejo, el autor se refiere a una costumbre social extendida por entonces, según la cual, una dama casada podía frecuentar la compañía de un amigo cercano. Este rendido admirador estaba obligado a atender -y financiar- todos sus caprichos y necesidades, sin que el esposo se sintiera obligado, necesariamente, a inclinar la cabeza al pasar bajo un dintel.

Hablando de los mercaderes de la Cádiz cosmopolita e ilustrada del XVIII, Yago Valtrueno, protagonista de El viento de mis velas, se refiere a esa moda, conocida como chichisveo, palabra de origen italiano:
"Nada había de peor tono que aparecer como un marido celoso, que era lo mismo que decir antiguo, incivil y miserable. (...) Así que, por no escandalizar y exponerse a la pública vergüenza, los maridos gaditanos -y los madrileños, sevillanos, condales y vallisoletanos- consentían con la moda de los entretenedores. También es verdad que el cortejo había de ir a escote con los gastos, así que los burgueses daban la bienvenida a nuevos socios en la empresa conyugal"
Carmen Martín Gaite firmó en 1973 un ensayo muy recomendable en el que detalla esta insospechada libertad: Usos amorosos del XVIII en España. Vuelvo al señor marqués de Valdeflores y a las artistas del lunar:
"Puestos en la sien izquierda pueden denotar que la plaza está ocupada; puestos en la sien derecha, que está dispuesta a romper y tomar otro cortejo; y su falta en ambas sienes puede dar señal de que la plaza está vacante; los lunares pequeños, distribuidos diestramente por el rostro, pueden denotar el actual y momentáneo estado de los caprichos".
Aquí salto de los antojos de las cortejadas castizas a la maestría de las creadoras de este idioma que, por ser de puntos, bien podríamos tomar como un antecedente del morse. Hablo de las cortesanas (entiéndelo como quieras) de Versalles, de las que la marquesa de Merteuil, de Las amistades peligrosas (Pierre Choderlos de Laclos, 1782), es un magnífico ejemplo, llevado al cine en 1988 por Stephen Frears.

La marquesa no le quita ojo a su lunar.
El lunar de Glenn Close -odiosa Merteuil- que ves junto a estas líneas, subido allá en la cima del pómulo, significa, según el código lunático, que la aristócrata era una mujer apasionada: "¡Ojito conmigo, que quemo más que una plancha", grita. Digo lunático con cierta propiedad, pues se creía que los lunares crecían como las mareas, por influjo de la luna.

Otra castigadora, la fetichista Dita Von Teese, ex de Marilyn Manson, suele mostrar un lunar en el rabillo del ojo izquierdo. Según los códigos del XVIII, eso daba a entender que su portadora era, ¡pásmate!, una "asesina". ¿Quién lo diría?, con esa carita de yonofuí.

¡Mátame, Dita!, he sido un niño muy malo.
Tal advertencia -guerra avisada no mata soldado- podía tener forma de oscura luna llena, como el de la vedete de burlesque, o de corazón de terciopelo... ¡Dita, dulce verduga de mis entrañas!

Haciendo el recorrido de las agujas de un reloj, venimos a caer ahora un poco más abajo en la mejilla izquierda de la dama punteada. Para el siguiente lunar he elegido a una de las mujeres más del gusto del administrador de este blog; no lo puedo evitar, me mata que me lancen miradas castigadoras de arriba abajo, con ese aire de tú que miras, gusano. Hablo, claro que sí, de Eva Mendes.

Si el lunar que porta la maiamera en la suave pendiente del pómulo fuese artificial, anunciaría que su propietaria está "abierta a proposiciones". En el caso de Eva, eso quiere decir, sin lugar a dudas ni opiniones disidentes, que acepta guiones de contrastada calidad y no otra cosa, ¡¿o qué te habías creído?!

¿Mentiendes, Mendes?
Nos damos ahora de boca con uno de los lunares más famosos de la hoguera de las vanidades contemporánea y, desde luego, de los más deseados. ¿Quién no ha suspirado, queridos hermanos heteros y competitivas primas lésbicas, por ese borroncillo de divina tinta que Cindy Crawford luce sobre la comisura siniestra de los labios? Se lo borrarías a besos, ¿verdad? Pues bien, tal deformidad cutánea publicaría a los cuatro vientos dieciochescos que su dueña era "coqueta". Coqueta y lo quisiera, ¿quién le negaría nada a Cindy embutida en su miriñaque y su guardainfante y con el canalillo del escote a la altura de la barbilla?


Un lunar de portada y pasarela.
He de decir que yo no se lo negaría ni ahora, incluso con la puñeta que le quisieron hacer filtrando fotos de su espléndida cincuentena para que las víboras de los platós -que no deben de tener espejos en casa- la pusieran de chupa de dómine. ¡Más quisieran! Cindy, sigues estando como un queso, pero Idiazábal, no de lonchas.

Cerraré esta media luna, la izquierda del rostro femenino, con Mariah Carey. Su lunar, antípoda del de la Crawford, es de los más fiables, o eso decían. Cuando la doncella de una mundana ilustrada le pegaba allí -bajo la boca- el parchecito de terciopelo, quería dar a entender que su ama era una mujer muy capaz de guardar un secreto. Vete a mirar alguna foto de Mata Hari, a ver si se ponía uno igual cuando se disfrazaba de bayadera y hacía babear por igual a oficiales del káiser y de Su Graciosa Majestad.

"Soy tan natural como mi lunar, ¡jopé!"
Termino ya, que seguro que no tendrás todo el día y aquí estoy yo,  como si no encontrase nada mejor que hacer (déjame pensar... Pues no, no lo encuentro). Remato con un mensaje más de entre los muchos que podían enviarte los lunares de pega en una soiré en los salones de Versalles. Por eso atravieso la barbilla y me paso al lado diestro de la cara. Imagino que la peca de Natalie Portman, como la de todas las mujeres que ilustran esta entrada, será natural. Pero si no lo fuera, estaría matando todas tus ilusiones; o azuzando al latin lover que llevas dentro (hablo con los lectores, lectoras).

Ese topito -el de la mejilla diestra, claro- marca el territorio muy a las claras: quiere decir que la dama está casada. En el caso de la Portman, su marido (hasta nueva orden) es el coreógrafo Benjamin Millepied, al que conoció durante el rodaje de Cisne negro.

¿Con cuál me quedo, con cuál me quedo?
Te recuerdo que el lunar de la izquierda mostraría la buena disposición de la actriz a escuchar ofertas galantes, pero, como acabo de explicarte, su tálamo está ocupado.

Después de leer esta entrada, ya te veo yendo al espejo a descifrar todos los lunares que te encuentres en la cara. Insisto en que yo hablo solo de lunares postizos, pegados con toda la intención. He usado mujeres con pecas naturales -hasta donde yo sé- para ilustrar sus diferentes posiciones.

Habrás oído hablar -y si no, te lo cuento yo- de una superchería, la melanomancia, que basa su rentabilidad en la lectura de los lunares del cuerpo, pero eso no entra, que yo sepa y de momento, en los intereses de este blog. Te contaré, eso sí, que yo tengo uno en la mismísima punta de la nariz; dicen los chinos que esos lunares indican la pericia comercial de quien los posee. Pues a mí me engañaron como a un ídem, porque aquí sigo, sin vender una escoba.




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