sábado, 10 de octubre de 2015


GUIRIS CON PUÑETAS

Giacomo Casanova (1)



"¡Miserable España!"


Te lo advertí, no las dejé por falta de munición, sino porque me han cambiado la diana (a ver si esta vez doy justo en el centro...). Por eso he sustituido las entrañables Citas Exprés que compartíamos hasta hace una semana por esta nueva peripecia: GUIRIS CON PUÑETAS. "¿Y de qué va eso?", me preguntarás. "¿Cómo que de qué va?", te responderé... ¿Es que no está claro en el título? Déjame decirte que estás cogiendo malas mañas: todo te lo tengo que explicar.

Lo primero es que yo no sé de dónde viene guiri, aunque sepa usarlo. Según el Diccionario de la Real Academia, los carlistas vascones llamaban así a los liberales de la regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, madre de la futura Isabel II: guiristinos, por cristinos. De ahí a considerarlos extranjeros, haz tus cábalas. Otros dicen que deriva de guiri-gay, por ser bárbara (de fuera) la jerga de los guiris. Y Juan Goytisolo cree que tiene su cuna en la palabra turca guiur, que señala a los extranjeros infieles. La primera y única vez -por ahora- que pisé Estambul sellaron mi pasaporte con la palabra giriş: "entrada". Como Goytisolo, ahí mismo creí que guiris venía del turco, salvo que el guiri era yo.


En España, todo guiri que se precie, se viste por los pies.

En cuanto a las puñetas, segunda parte del título de este nuevo invento, eran una parte de la guardarropía masculina en el siglo XVIII, como ya te expliqué en una entrada anterior. Es el nombre que se daba al encaje o vuelillo de los puños de ringorrango. Pero tú y to sabemos que hoy es un vocablo polisémico: despreciar, mandar a hacer, venir a joder o joderse lo que no debía ni tenía por qué, sanseacabar algo o con alguien, cabrearse, hartarse...

Y hasta aquí las explicaciones. Ahora tienes que juntar todo... ¿Y qué te da?... ¿Que no lo sabes? Ya estamos otra vez, ¡vale!, yo te lo digo: las entradas que leas aquí a partir de ahora irán de extranjeros del siglo XVIII, gente con puñetas en las mangas, que vinieron a España a hacer la ídem, es decir, a ponernos de chupa de dómine. No, no es de chúpame dómine, eso también te lo expliqué en la entrada aquella de las puñetas. 


Este es el tipo de puñeta que hoy nos hace la ídem, ¿o no?

De eso trata GUIRIS CON PUÑETAS, de viajeros de la ilustrada Europa del Siglo de las Luces que vinieron a darse un garbeo por aquel reducto de barbarie que era España, según su punto de vista, claro. Con otras palabras: "¿Pero es que me van a venir con puñetas los guiris estos?". Pues sí, así venían. Y dejaron sus impresiones en un buen puñado de libros de viajes que son, cada uno, como una tobita en los mismísimos. Y en algún caso, un punterazo.

Pude haber titulado estas entradas como "Guiris con chorreras", pero es que me voy a meter un poco en el siglo XIX y entonces me quedarían demodé, porque ya usaban corbatas y plastrones. Con tanta explicación, comprenderás que tenía que estrenarme a lo grande, así que he traído a un verdadero campeón dieciochesco, y en más de una disciplina, pues fue abate, diplomático, espía, bibliotecario, escritor, astrólogo, nigromante, prófugo y, claro está, seductor impenitente... Sí, te hablo de Giacomo Girolamo Casanova (1725-1798). El clérigo engatusador, el acróbata del tálamo, el sátiro de los palcos y las alcobas llegó a Madrid en 1767, a sus cuarenta y dos años, como bien indica la placa fija en la calle de la Cruz con esquina a Espoz y Mina, es decir, a un tiro de canica de la Puerta del Sol. 

Sí, Casanova hizo de las suyas en El Foro.
El mismo Casanova lo confirma en sus memorias, Historia de mi vida (1789-1798). Al llegar a Madrid, un funcionario le confisca un par de libros que le son devueltos "a la calle de la Cruz, al café donde me alojaba, con gran pesar del señor Andrés [su cochero], que quería por imperativo llevarme a otro sitio. Un buen hombre me había dado estas señas en Burdeos".

Puesto que las peripecias de Casanova merecen más de una entrada, en esta de hoy pienso ir directamente al grano: ¿qué pensaba el colmo de los seductores de las costumbres sexuales de los españoles de su época? ¿Había costumbres sexuales entre los españoles de su época? ¿Si no las hubiera habido estaríamos nosotros aquí? Antes de meternos en harina, déjame decirte que las hazañas del italiano no fueron para tanto; se le podría aplicar aquello de me como una y cuento veinte. Yo he tenido la oportunidad de trabajar con cámaras de televisión -¡Tremendo ese gremio!- con más muescas en sus betacam que Casanova en diez vidas que le regalasen. Al fin y al cabo, las conquistas de aquel magnífico publicista de sí mismo fueron ciento treinta y dos (132), yo no me tiraría tanto el rollo. Si Álvaro Muñoz Escassi -con quien también trabajé- tuviera que escribir las suyas, nos quedábamos sin bosques en el planeta. Y encima, el jodío es gracioso. Será por eso...

¡Mmmmmm! Esa mirada acero azul...
(Foto: Interviú).
Cotilleemos en la autobiografía de Casanova para saber qué opinaba, por lo grueso, de nuestros trastatarabuelos: "Los hombres, en este país, tienen la mente limitada por un sinfín de prejuicios, mientras que las mujeres, aunque ignorantes, son por lo general discretas". La discreción no significaba solo prudencia, sino también discernimiento y razón, o sea, inteligencia. 

Pero luego, don Giacomo advierte a los viajeros incautos: "Ambos sexos alientan deseos y pasiones tan vivos como el aire que respiran, tan ardientes como el sol bajo el que viven". Para luego matizar que para ardientes, lo que se dice ardientes, las españolas, anticipándose al topicazo de la Carmen de Mérimée: "Todo español odia al extranjero por la única razón de que no es español, porque no podría dar otro motivo para su odio; pero las mujeres, que ven sin duda lo injusto de semejante odio, nos vengan amándonos, aunque con grandes precauciones; porque el español, celoso por naturaleza quiere serlo también por razón".


Ilustración alemana sobre el arquetipo hispano de Mérimée.

¡Alto ahí!... Calma, que no es el grito de un oficial de la Inquisición. Es que voy a toda mecha y no te he contado por qué llegó Casanova a España. Resulta que un buen día de finales de 1767 asistía a un representación en París. Un petimetre que tenía detrás empieza a ofenderle como si Casanova fuese de atrezzo y no sintiera ni padeciera. Y claro, el italiano se da la vuelta y le advierte al pisaverde que si no cierra la boca, le cerrará la cloaca de una coz. Él otro no da crédito y el encendido Giacomo sale del teatro dispuesto a hacerle un siete en la barriga con su florete. Tras mucho esperar y nada solucionar, se marcha porque, total, ya ha perdido el hilo de la obra y el dinero de la entrada.


"La despedida", Jean-Michel Moreau, El Joven.
Escena en el palco de un teatro.

Al día siguiente recibe una carta de Versalles: tiene que salir de París a escape. El mismísimo rey, Luis XV, le da veinticuatro horas; añade Casanova "porque era su real gana". Y si en tres semanas no ha salido de Francia, en La Bastilla le están preparando un baño de espuma. Y todo porque le quiso dar un puntapié en el culo "a un joven que no es de los que los reciben". El veinte de noviembre, al día siguiente de aquella invitación que no podía rechazar, parte para España: "Un país donde había menester prudencia y circunspección". Pues consejos doy y para mí no tengo, porque acabó encerrado en un calabozo del Palacio del Buen Retiro, pero eso te lo contaré la semana que viene... Lo que sí te diré es que nada más entrar en Castilla la Vieja soltó un sonoro "¡Maldita España!".

Oye, aunque ya no sea lo mismo, no te olvides de tomar tu cafelito, recuerda que es el viento de nuestras velas.
Continuará... 


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16 comentarios:

  1. Y yo que pensaba que nada sería lo mismo sin tus citas express!!! Y ahora resulta que me dejas con la miel en los labios, mejor dicho con un cafelito al cual me has invitado en tu último renglón, hasta la semana que viene!.
    Auguro un largo camino juntos por ese mundo dieciochesco del que nos quieres hacer disfrutar. Gracias, de nuevo por acordarte de aquéllos que necesitamos leer tus palabras para ser completamente felices.
    Un beso.

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    1. ¡Caray!, muchas gracias a ti, Elisenda, eres el combustible para seguir pariendo entradas. Creo que lo vamos a pasar bien con este nuevo experimento, sobre todo porque nos vamos a reconocer en aquellos lejanos tiempos más de una vez. Un beso.

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  2. ¡Bien! Allá va también la Pompadour ;) ¡De cabeza al XVIII!

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    1. La Pompadour y los que hagan falta. Gracias, Carmen.

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  3. Pues yo, sinceramente, creo que los guiris no llegaron a España precisamente en ruta vacacional. Y si no, ahí tuvimos a ingleses y franceses merodeando e interviniéndonos durante tres siglos. Aun así, parece que los extranjis aunque no les gustaran nuestras rudas costumbres íberas, eran intensamente mujeriegos y les tiraban más dos tetas que dos carretas. Casanova debió pensárselo mejor cuando se topó de bruces con el macho ibérico.
    Excelente y entretenida entrada. Me he quedado intrigadísima con el tema del encierro del italiano en el calabozo del Palacio del Buen Retiro. ¿Qué sería lo que hizo?...Fuera lo que fuere, esperaremos a la próxima semana. Que se pone muy interesante esta nueva sección.
    Un beso

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    1. Muchas gracias, Marisa. Yo creo que no vamos a reír y escandalizar a un tiempo con las opiniones de aquellos viajeros guiris del XVIII. Y a lo mejor llegamos a darles la razón.
      Buen fin de semana y un beso.

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  4. Me tienes en ascuas. Esperando a ver que puñetas le pasa al de las puñetas en su aventura por las Españas. Genial la nueva serie de entradas. Y lo que promete.
    Un beso.

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    1. ¡Qué nervios, Rosa, qué nervios! Paciencia y muchas gracias. Un beso.

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  5. Tengo que investigar quién fue el inventor de los seriales, de las entregas por capítulos, del continuaráse, y de los fascículos, para ponerlo en lo más alto de mi podium de "personajes sin cuya existencia yo sería muy feliz".
    Con el ansia espero la continuación. La sección promete.
    Saludos.

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    1. ¡Jajaja! Uno se llamó Dickens, otro Stevenson, otro Dumas, otro Salgari... Soy un copión. Muchas gracias, maestro. Un saludo.

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  6. Me he quedado con ganas de más, José Juan. Esta sección me gusta, sí señor.
    Un abrazo

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    1. Una alegría verte por aquí, Érika. Muchas gracias, habrá que trabajársela. Otro para ti.

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  7. Ya vote tu blog...me encanta lo que escribes!!!

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  8. Venga de donde venga la palabra "guiri" lo cierto es que en tus entrada descubro nuevas cosas..
    Un abrazo

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