sábado, 5 de marzo de 2016


GUIRIS CON PUÑETAS 

Henry Swinburne



"Cataluña es la nación 

más rebelde de Europa"



Las cosas como son, planeé esta serie de artículos titulada GUIRIS CON PUÑETAS con el ánimo sincero de desmentirme, de quitarme la razón, de achantar la muí de acá para los restos. Y todo por sentenciar, tal y como sentencio en la presentación de este blog, que "trescientos años no es nada". O sea, que somos, como decía la abuela de Agamenón en el tebeo Tío Vivo, "igualicos, igualicos que el defunto de su agüelico". Por eso empecé a recopilar opiniones de viajeros extranjeros de la Ilustración, para hacerme con un punto de vista que contradijera los tópicos que almaceno, con o sin conciencia de ello, sobre mi propio país, España (con perdón).



Tío Vivo, almanaque 1967. 
Autor: Nené Estivill. Ed. Bruguera.

De ahí que me sintiera muy aliviado cuando encontré esta perla de sensatez de parte de uno de los más ilustres y concienzudos viajeros hispanistas, míster Henry Swinburne:
"Soy consciente de cuán imperfecta es la idea que uno se puede hacer de un país tras un viaje de unos pocos meses [...] No me avergüenza confesar mi ignorancia, así que no puedo ofrecer una idea satisfactoria del carácter español"
¡Albricias!, qué alma tan ecuánime, qué espíritu tan alejado del prejuicio y el lugar común, qué preclara muestra de imparcialidad suprapirenaica... Y hasta aquí la alegría, que me duró lo que dura en la casa de un pobre. Y es que, tras una introducción tan bien templada y afinada, el caballero Swinburne se larga treinta y tres páginas donde define, del derecho y del revés (más del revés), el carácter de nuestros trastatarabuelos. Por si alguien quiere comprar la pieza, yo le ofrezco un retal...
"... como la mayoría de los sureños, son gente sucia y pulgosa".
¡Toma, Geroma, pastillas de goma! En rigor, no dice "pulgosa", sino "llena de bichos", pero creo que mi traducción es más ajustada a la intención del autor y solo comparable a "gente piojosa". Y no solo nos adjetiva en general, sino que elabora un catálogo por regiones, de esos que abren heridas y echan sal dentro.


Mendigos españoles retratados por Gustavo Doré.

Pero, antes de liarnos, sepamos quién fue Henry Swinburne, hidalgo de Bristol, nacido en 1743 y fallecido en la colonia de Trinidad en 1803. Estuvo en España cuando Carlos III llevaba dieciséis años en el trono, experiencia que describió en un libro, Viajes por España en los años 1775 y 1776. Aunque es prolijo en la descripción de la España monumental, lo que aquí nos interesa es lo que en la época se llamó "el genio español", entendido como nuestra idiosincrasia, si es que tenemos de eso. Un genio exótico, propio de un país casi bárbaro, prácticamente africano desde el punto de vista de los naturales de la Pérfida Albión. ¡Vamos al lío!

Dice Swinburne que España "es una nación grave y melancólica, sumida en la miseria y el descontento, reforzada por el terror que inspira la Inquisición". A ver, para ser rigurosos, la Inquisición no tuvo con Carlos III el mismo poder que había ostentado; y no porque el Borbón fuese un déspota ilustrado, sino porque era muy celoso de su soberanía y mantuvo con Roma y su Iglesia un pulso enconado acerca de quién mandaba en España y en su imperio. Verbigracia, ya no eran los censores de tonsura y sotana los que tachaban líneas y párrafos, sino los de peluca y casaca (más gente puñetera). Aclarado esto, y como paradoja, Swinburne considera a los españoles "ruidosos, vehementes y gesticulantes, más que los franceses o los italianos". Vaya, vaya, mucho me temo que no llevamos camino de salir de Villatópico de Abajo.


Boceto de una fiesta en Alcoy. Gustave Doré.

Lo que sigue tiene menos broma que lo anterior. Dice el caballero inglés que, amén de la gravedad sombría, son la apatía, la indolencia y la pereza el trío de ases que manda en el garito español, pues son las cartas y los dados el vicio patrio:
"Miles de hombres por toda la nación matan el día envueltos en sus capas, recostados contra los muros y paredes, o sesteando bajo un árbol"
¿No resuenan esas palabras en la cueva de tópicos que hoy nosotros, dignos europeos, convertidos en turistas privilegiados, soltamos a la primera de cambio sobre africanos o caribeños? ¿Y no es lo mismo que ciertos políticos vascos o catalanes han afirmado o sugerido sobre andaluces o extremeños? Sabemos que el norte está arriba y el sur abajo porque los norteños siempre miran desde arriba a los meridionales. Aquí, allá y acullá...


Puerta del Perdón de Sevilla, por Samuel Manning (1870).

Según la visión de Henry Swinburne, España sería la encarnación terrenal de los Campos de Asfódelos del Hades griego, un páramo inmenso donde fantasmas desmemoriados -la mayoría de los muertos- vagan entre monotonía y tedio. En comparación, es infinitamente peor que la vida mortal. Podemos entender, en conclusión, que para los viajeros europeos del XVIII atravesar los Pirineos sería como embarcarse con Caronte y cruzar el río Estigia. Sigue Swinburne:
"Malamente parecen esperar [los españoles], o vislumbrar cualquier mejora en su continuo vegetar" [...] los pobres de España no trabajan, a menos que la necesidad los espolee, porque entienden que no hay ganancia en afanarse [...] Su ración diaria de alimento no requiere esfuerzo".
Sentencia el viajero que a aquella gente no le importaba "la riqueza o la gloria de su país". Solo encontraba Swinburne dos acicates que espolearan a los españoles:
"Sin embargo, estoy convencido de que la pereza no es innata en el genio español. Es imposible, sin verlos, concebir con qué avidez persiguen sus gustos, con qué pasión los disfrutan, cómo se lanzan a un ruedo o llegan a matar en su vicio nacional, el juego" 

Baratero exigiendo el barato, por Doré (1862).
Un hampón de garito pide, navaja en mano,
su propina a los jugadores.

El otro estímulo es la guerra. Los paisanos de Swinburne, y quizá él mismo, tenían grabado en la memoria común un dicho sobre los Tercios hispanos: "Españoles en la mar quiero, porque, si es en tierra, que San Jorge nos proteja". Lo confirma el viajero:
"Sus soldados son bravos y sufridos [...] encaran la adversidad sin rechistar y soportan la fatiga con increíble perseverancia. Duermen en el suelo envueltos en sus capas y son frugales, más por su cotidiana indigencia que por evitar la gula [...] Son capaces de arrojarse, a una orden, sobre la boca de un cañón. Pero si su oficial no va el primero, nadie arranca".
En este punto, como en otros que siguen, no oculta el británico su admiración por los catalanes...

Fusilero de montaña catalán, 1714.
Ilustrador: Pablo Outeiral.
Desperta ferro, Historia Moderna #10.
Afirma que son magníficos infantes ligeros, o cazadores, como también se llamaban tales unidades, basadas en los populares migueletes. Por cierto, muy al norte en la costa oeste norteamericana, casi en Alaska, hubo en 1790 un puesto avanzado español, el fuerte de San Miguel de Nutka, defendido por cazadores catalanes, la I Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña. Sin duda, merecerán una entrada en mi otro blog, -istoria sin H.

Afirma Henry Swinburne que los catalanes "son de ánimo violento" y que eso, junto a su "irreductible pasión por la libertad", los ha llevado a la guerra civil y a las matanzas: "Su rebeldía ha sido más frecuente que en el resto de Europa. Sin embargo, los avatares de la guerra no los han favorecido". Y concluye que la Guerra de Sucesión fue "en el lenguaje de un republicano, el colmo de la obstinación catalana por romper sus cadenas y llegar a ser una nación" (al final voy a tener razón: trescientos años no es nada). Viene a cuento recordar que la flota británica, cuyo gobierno tomó partido por los austracistas y se enfrentó a Felipe V en aquella guerra dinástica, abandonó en 1714 a los barceloneses sitiados por las tropas borbónicas tras conseguir ventajas y concesiones del nuevo rey. Swinburne no lo dice, pero yo sí.


Cala de los Amigos en la entrada a la colonia de Santa Cruz de Nutka (1790). Hoy pertenece a la Columbia Británica canadiense.

Y aquí llegamos a eso que tan odioso resulta menos cuando buscamos una ganga o envidiamos el coche nuevo del vecino: las comparaciones. Swinburne se queda a gusto con un catálogo de ellas que aquí resumo (y menos mal que el caballero no se atrevía a definirnos):

-Catalanes: "Los más trabajadores y diligentes; los mejor dispuestos para los negocios, los viajes y la industria".
-Valencianos: "Gente hosca, hecha a labrar la tierra y, por ello, poco dispuesta a dejar su terruño. Mucho más tímidos y más suspicaces que los catalanes".
-Andaluces: "Los más charlatanes y fanfarrones de España".
-Castellanos (en general): "Son francos y fiables".
-Castellanos viejos (Guadarrama arriba): "Trabajadores y sencillos a la vieja usanza".
-Castellanos nuevos (Guadarrama abajo): "Son los menos industriosos de toda la nación" [Tierra reconquistada por hombres de armas, aventureros y mercenarios ennoblecidos].


Boceto en Valdepeñas. G. Doré.

-Aragoneses: "Una mezcla de castellanos y catalanes, pero más inclinados hacia los primeros" [¡No sé yo!].
-Gallegos: "Paisanos laboriosos y sufridos que recorren España ganándose la vida con muchos apuros y penalidades".
-Vizcaínos: "Agudos, diligentes e impulsivos. Recuerdan más a una colonia republicana que a una provincia de una monarquía absoluta" [En la época, "vizcaíno" era sinónimo de "vasco"].

¿Creía Henry Swinburne, caballero de Bristol, que España y los españoles tenían solución? ¡Vaya preguntita! .... La verdad es que lo creía a duras penas. Ahí va su conclusión:
"Solo saldrían de su letargo con un buen gobierno, una tarea muy difícil, que parece una utopía más que una revolución necesaria que nunca se hará".
¿Has seguido el debate de investidura de Pedro Sánchez y la charlatanería de mercado persa previa? ¿Sí? Pues eso...



12 comentarios:

  1. Lo que viene a concluir Henry Swinburne es aquello de "Qué buen vasayo si tuviera buen señor". No sé si eso arreglaría las cosas, pero hoy por hoy, los vasayos son mucho mejores que los señores.
    Nos ha puesto el guiri puñetero de chupa de dómine. Tu traducción de "pulgosos" es muy buena. Mucho mejor que piojosos por supuesto.
    Muy buena la entrada. Un beso.

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    1. Sí, ¡ja, ja, ja!, "piojoso" me parecía excesivo, y como podía elegir bicho, pues mejor las pulgas. Por lo demás, no, creo que estos "señores" no nos merecen. Un beso.

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    2. ¡¡Ay, qué vergüenza!! Acabo de ver que he puesto vasallo con ¡¡y griega!! perdón. No sé cómo ha podido pasar, pero si me hace daño a la vista. Lo sientoooooo.

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    3. ¡Ssshhhhh! Nadie se había dado cuenta y yo le iba a pasar el típex. ¿Crees que eres la única que tiene erratas? Nacen como hongos, las condenadas. Que tengas una semana estupenda. Bss.

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  2. Ese repaso al carácter español región a región es buenísimo. Me he quedado con ganas del tal Swinburne, ¿habrá segunda parte?

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    1. Pues mira, solo por preguntar, habrá segunda parte, pero un poco más adelante, como habrá también del primer Guiri con puñetas, Casanova. Swinburne es uno de los clásicos de los libros de viajes sobre España, así que merece más espacio. Su libro se divide en dos tomos, y cada uno tiene cuatrocientas páginas, imagínate si da de sí el hombre. Un saludo, Gerardo.

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  3. La eterna dicotomía Norte-Sur. ¿Cómo pueden estos bárbaros vivir mejor que nosotros?, seguro que se preguntó Swinburne. L
    o mismo que se preguntaron los conquistadores del Nuevo Mundo viendo a los "salvajes paganos" que vivían en las tierras recientemente conquistadas. Si somos el pueblo elegido por Dios, cristianos de pura cepa, defensores del cristianismo, cruzados, hemos dado la vida por nuestras costumbres, nuestro rey y nuestros valores morales... ¿Cómo puede ser que estos salvajes sean más felices que nosotros?
    Pues eso. Con gobierno o sin gobierno y casi mejor sin gobierno.
    Magnífica entrada, José Juan.
    Feliz fin de semana.

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    1. Me estaba faltando tu opinión, que me parecía imprescindible precisamente en esta entrada. Esa misma superioridad de Swinburne la he visto en turistas españoles en Iberoamérica o en África. Pasan los años, pero los prejuicios se quedan. Gracias, Elisenda, y felices y nada prejuiciosos viajes.

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  4. Con prejuicios andamos y seguimos. Gracias por descubrirnos a tan "ilustres" viajeros.
    Un abrazo.

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    1. Pues sí, al final, "trescientos años no es nada". Otro abrazo para ti.

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  5. Hola Jose Juan ya había seguido la primera de estos guiris, me resultan super interesantes esa visión de los viajeros de antaño. Es curioso porque aún esas opiniones, y ese norte y sur, esos prejuicios siguen.Yo como andaluza, imagina, los del sur los de la "charlatanes y fanfarrones, los de la pandereta, los vagos,.....hay que reconocer que no salimos bien parados nunca, en ningún momento, ni antes ni ahora. Y aparte de catalogaciones, me quedo con esa frase "Solo saldrían de su letargo con un buen gobierno, una tarea muy difícil, que parece una utopía más que una revolución necesaria que nunca se hará". Esto si que no es pre-juicio, esto es pre-insensatez, estos si que se llevan la "pandereta" y el "cachondeo"y son de "tós laos". Un abrazo

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    1. Al final, pasan tres siglos y como si pasarán tres minutos. No salimos del sota, caballo y rey y de los topicazos. Y no sólo de parte de los extranjeros, sino entre nosotros ¡Qué fatiguita! Un abrazo.

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